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sábado, febrero 24, 2024
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LAS AVENTURAS DE NARCISO LÓPEZ

Por Emilio Martínez Paula

La toma de Cárdenas por Narciso López se esparció por toda la isla, y levantó el entusiasmo de los cubanos que se oponían a la soberanía de España sobre Cuba.

López volvió a los Estados Unidos y comenzó a preparar una segunda invasión. En total organizó tres expediciones, 1848, 1849 y 1851, con dineros de anexionistas estadounidenses principalmente.

A pesar del breve éxito de la toma de Cárdenas, la popularidad de Narciso López cundió por toda Cuba y alentó a grupos independentistas. Pero nunca lograron organizar un movimiento bien estructurado.

El plan de López era tomar la ciudad de Cárdenas, reclutar voluntarios dispuestos a pelear, seguir por fe-rrocarril hasta Matanzas y ocupar la ciudad, aumentar sus fuerzas reclutando más hombres, y lograr un alzamiento general en toda la isla. Y, finalmente apoderarse de La Habana, todo lo que, parece más la ilusión de un joven recluta que los planes de un general tan experimentado como Narciso López.

De los hombres que se unieron a López, sólo pudo contar con cinco cubanos, Ambrosio J. González, matancero, José M. Sánchez, trinitario, Juan Manuel Macías, el bayamés Francisco Javier de la Cruz y el matancero José Manuel Hernández.

La toma de Cárdenas terminó en menos de 24 horas, y el general López y su gente se refugiaron en los Estados Unidos.

Narciso López no se dio por vencido. Organizó otra expedición. Esta se llevaría a cabo utilizando la nave Cleopatra. Un grupo de expedicionarios se situaría en las cotas de la Florida y se daría a conocer que el plan era desembarcar en la costa sur de Cuba, para después hacerlo en la costa norte.

Mientras tanto, ocho grupos entrarían por la costa sur de Pinar del Río. López esperaba un levantamiento general y reclutar miles de hombres, todo lo cual era ilusorio, como se verá más adelante.

El Cleopatra surto en el puerto de New York, esperaba por dos embarcaciones que traían armas y municiones. Pero espías estadounidenses al servicio de España, lograron delatar los planes. Detenidas las tres embarcaciones, la operación se vino al piso.

Esta situación no logró detener los propósitos de Narciso López ni sus seguidores. Los planes de llevar la guerra a la isla seguían en pie. En Cuba, se acentuaban las diferencias entre cubanos y españoles. En Puerto Príncipe en la Sociedad Libertadora, fundada en 1849 por Betancourt Cisneros y Joaquín de Agüero, estaban al tanto de los planes de López y dispuestos a secundarlos y trabajando para un levantamiento general.

Isidoro de Armenteros y Fernando Hernández discípulos de Luz y Caballero en el colegio El Salvador, trinitarios, estaban listos para secundar a Narciso López, pese a que el maestro enterado de los planes, les había dicho que era “Una locura generosa y estéril”.

Efectivamente, las autoridades españolas detuvieron a numerosos miembros de la Sociedad Libertadora y los deportaron para España. Joaquín de Agüero y otros lograron escapar y se dispusieron activar la lucha. Se levantaron en armas el 4 de julio.

El movimiento muy mal organizado apenas logró un puñado de hombres. Todo terminó con el apresamiento de Agüero y algunos de sus compañeros, que tras breves combates fueron hechos prisioneros. Encarcelados en Puerto Príncipe, fueron condenados a morir en garrote vil. Y cuentan que desde La Habana enviaron al verdugo, dispuesto a agarrotar a los patriotas. Pero manos misteriosas pusieron fin a la vida del verdugo. Tuvieron que cambiar la forma de la ejecución. Fueron fusilados. Precisamente el mismo día que desembarcaba el general Narciso López en las costas de Pinar del Río.

Puerto Príncipe se sintió apenado por la muerte de Joaquín de Agüero, Fernando de Zayas, José Tomás Betancourt, y Miguel Benavides. Las cubanas decidieron cortarse las trenzas, en señal de duelo. Y lo expresaron en la siguiente cuarteta: “Aquella camagüeyana que no se cortara el pelo, no es digna que en nuestro suelo la miremos como hermana”.

Los levantamientos ocurridos en Cuba fueron muy comentados por la prensa estadounidense y los describieron como un levantamiento de gran importancia, lo que encendió los ánimos en el Sur de los Estados Unidos, especialmente en Nueva Orleans.

Narciso López, impaciente, burla la vigilancia de los yanquis y se lanza al mar con cuatrocientos cincuenta hombres, entre ellos unos cuarenta cubanos, a bordo del Pampero.

Desembarca en la costa norte de Pinar del Río, donde esperaba encontrar quienes lo apoyaran. Da órdenes al capitán del Pampero para que regrese a Cayo Hueso para traer refuerzos Lo que no sabía López es que el general español, Concha, conocía de todos los planes. López calculaba que la tropa española tardaría cuatro días en llegar a Pinar del Río, caminando desde La Habana. No tuvo en cuenta que llegarían en una nave de guerra y triplicarían las fuerzas del venezolano. El general español sabía precisamente del lugar por donde desembarcaría López. Cuando llegó lo estaban esperando.

Dicen que Concha había logrado apoderarse de una carta en la que López explicaba todo su plan de campaña. Grave descuido, uno más en la alegre empresa. Así, pues, lo estaban esperando. Desde La Habana fue enviado un crucero con tropas que triplicaban las de López.

El general Narciso López tomó el pueblo de Las Pozas, pero pronto se vio atacado por los españoles que habían desembarcado en Bahía Honda. Los atacantes fueron rechazados con cuantiosas bajas. Narciso López había dado instrucciones al capitán del Pampero para que regresara a los Estados Unidos y condujera una segunda expedición que desembarcaría en Camagüey, expedición que nunca llegó a salir.

López esperaba fuertes levantamientos, inclusive en La Habana, que tampoco llegaron a ocurrir…

Para ganar tiempo, López y su gente se internaron en zonas montañosas, en la cordillera de Guaniguanico Sólo dos cubanos se incorporaron al movimiento. El calor terrible de agosto, las lluvias constantes y la falta de alimentos, fueron diezmando a los expedicionarios.

El general López logró llegar al cafetal de Frías, que conocía bien por haber pertenecido a la familia de su esposa. Descansaba López y su gente confiados…Cuando menos lo esperaban fueron sorprendidos por los españoles. Se retiraron a las montañas cercanas. Se parapetaron en magnífica posición.

El general Enna, que mandaba la tropa española, avanzó temerariamente. Ordenó una carga de la caballería, que se detuvo ante un portón. Los jinetes se apearon para abrirse paso bajo una lluvia de balas. El Enna, recibió un balzo en la ingle, herida que le causó la muerte. Las bajas fueron cuantiosas por ambas partes. Las fuerzas del general Narciso López quedaron reducidas a unos 140 hombres que más tarde se enfrentaron con los españoles en Aguacate de Candelaria, donde tuvieron que replegarse, al grito de ¡Sálvese el que pueda! Lo que siguió fue una cacería humana de la que se salvaron muy pocos expedicionarios.

El general López, ayudado por un campesino conocedor del lugar, al amparo de la oscuridad de la noche, logró llegar a la casa de Antonio Santos, un canario amigo y compadre de López que lo recibió con los brazos abiertos. Comprendo tu situación le dijo: espérame aquí, salgo en busca de un marinero amigo mío para sacarte de este lugar.

Por su parte, el coronel William Crittenden que se había quedado al frente de un contingente de 120 hombres, trató de unirse a López, pero fue batido por fuerzas muy superiores. Se la jugó como todo un valiente. Las bajas fueron cuantiosas por ambas partes. Crittenden logra llegar cerca de la costa. Se apoderaron de unas lanchas para ver si algún barco los recogía.

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