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LA GUERRA DEL 95, PESE A LAS PÉRDIDAS DOLOROSAS, SIGUE TRIUNFANTE

Por Emilio Martínez Paula

La muerte de Martí el 19 de mayo de 1895, la de Maceo, el 7 de diciembre de 1896, y la de miles de patriotas que ofrendaron sus vidas por ver a Cuba libre, no detuvo el proceso independentista cubano.

El año 1896 deja un saldo impresio-nante en nuestra historia.

Al principio de julio de ese año, muere luchando como un bravo, el más joven de los Maceo, José, en Loma del Gato, Oriente. El general Serafín Sánchez, en rudo combate, muere en el Paso de las Damas, al finalizar Julio. En la Habana, en camino para llevar refuerzos a Maceo, que estaba rodeado en Pinar del Río, pierde la vida, en la Jaima, termino municipal de Quivicán. el general Juan Bruno Zayas, médico, y uno de los jefes escogido por Maceo para dirigir la Columna Invasora.

Después de la Muerte de Maceo, el general Valeriano Weyler, se dedicó a perseguir a Máximo Gómez.

En 1897, los españoles estaban a la ofensiva, tratando de impedir que las fuerzas cubanas pudieran cruzar libremente de Camagüey hacia las villas y viceversa. Sin embargo, casi toda la provincia camagüeyana estaba en manos cubanas.

En Oriente, donde la mayoría de la población estaba a favor de la independencia, las fuerzas españolas se movían con mucho cuidado, y sólo formando grandes columnas.

Máximo Gómez, con su estrategia increíble, se mantenía por su respeto en el Potrero de La Reforma, una zona que comprendía apenas unas diez leguas cuadradas, manteniendo en jaque fuerzas españolas de más de 50.000 hombres. Luego de provocar a las columnas españolas para que lo persiguieran durante largas caminatas, bajo abrasador sol, por la noche los campamentos hispanos no podían conciliar el sueño, pues las guerrillas cubanas, los tiroteaban toda la noche, causando heridos y muertos.

En los últimos días del mes de agosto de 1897, las fuerzas cubanas se anotaron un impresionante triunfo: la toma de Victoria de las Tunas.

Calixto García, con unos 1300 hombres apoyados por fuerzas de artillería, logra, después de tres días de combates, rendir la plaza. A la mayoría de los prisioneros, varios cientos, se les deja en libertad. El botín comprendía 1.200 rifles, más de un millón de balas y gran cantidad de medicinas y otros productos vitales. Los cubanos tuvieron 80 bajas.

Aquí es interesante dar a conocer una carta de José Martí a su hijo:

Montecristi 1ro. De Abril de 1895

Hijo: Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós, Sé justo.

Tu José Martí

Llama la atención que en sus cartas más íntimas, a su madre, a su padre, a sus hermanas y en esta a su hijo, el Apóstol mantiene una distancia que no sé como comentar: Hijo: Tu José Martí.

Por supuesto no se despide de la madre de su hijo.

Jorge Mañach, comentando la última carta de Martí a su madre, apunta: curiosamente, también en la firma de esta carta, tan íntima, ha puesto su apellido junto a la inicial de su nombre, como en aquellas cartas de amor a Rosario en su juventud. Parecía que se le acusase así, realizado al fin, aquel mismo presentimiento de su categoría histórica, superior a toda intimidad.

La carta a la madre termina: Madre mía: La bendición, su J. Martí.

Nicanor Bolet Pedraza, médico, periodista y político venezolano, amigo de Martí, dejó esta interesante nota:

Cierto día que el niño- se refiere al hijo del Apóstol- ya en las aulas, repasaba en sus libros sus y lecciones, oyó un gran clamor de alegría salvaje y un gran grito de dolor amante. El clamor era júbilo enemigo, el alarido era maternal. Su padre había caído abrazado a la estrella de su ideal.

Esto escuchó también en aquel mismo instante el mancebo y se fue más luego a los campos de batalla cubanos. Faltabale un año para la edad del soldado, mas supliólo el permiso materno, sellado con beso de espartana.

Cuentan que cuando Victoria de las Tunas cayó en poder del Ejército Libertador, pasóse revista las fuerzas vencedoras sobre el campo ruinoso y sangriento de la ciudad libertada. La voz del oficial llamó:- ¡José Martí!

Y un imberbe artillero, al lado de su cañón todavía humeante, respondió: ¡Presente!

El general Calixto García premiado con el cargo de Lugarteniente General, vacante a la muerte de Maceo, sigue a paso de vencedores y tres meses después tomó Guisa, otro pueblo oriental famosos por su fortificación que lo hacía casi inexpugnable.

LA AUTONOMÍA,

LLEGA TARDE

Retirado de la escena, tras su evidente fracaso, el despiadado Valeriano Weyler es sustituido por el general Ramón Blanco, que era portador de un decreto que establece un régimen autonómico en Cuba y Puerto Rico.

Blanco dictó las medidas para poner a trabajar el Consejo de Secretarios, al que se integraron cinco dirigentes del Partido Autonomista: José María Gálvez, Antonio Govín, Rafael Montoro, Francisco Zayas y Laureano Rodríguez, los que realmente le hacen el juego a una farsa jurídica, que no es otra cosa la tardía autonomía.

Y estos mismos autonomistas, algunos de los cuales se pasaron al movimiento libertador, cuando les pareció que la independencia era inevitable, fueron los mismo oportunista de siempre que se pusieron incondicionalmente a Weyler, “ofreciéndole su apoyo leal y sincero”, a pesar de que sabían las crueles intenciones y órdenes que venía a poner en práctica.

Sin embargo, hoy se olvida que estos Montoro y comparsa nunca fueron patriotas, sino gente que querían vivir cómodos, sin que la lucha por la independencia les molestara la digestión con su llamado al sacrificio. En honor a la verdad, los autonomistas no tenían el apoyo del pueblo.

Mientras los españoles integristas, miopes y sin ver lo que les venía encima, gritan ¡Abajo la autonomía, viva Weyler! Los cubanos que estaban en la manigua redentora hacen saber que nada cambiaría los planes de ganar la guerra y hacer de Cuba una república independiente.

La autonomía llegaba demasiado tarde, aunque nunca hubiera frenado el deseo cubano de ser libre de la tutela española.

Cuentan que cuando Sagasti, presidente del Consejo de Ministros de España llevó ante la reina el decreto que otorgaba a Cuba la autonomía, la soberana señaló: -Me han dicho que con la autonomía Cuba se pierde…

Sagasti replicó -¡Ay, señora, más perdida de lo que está ya!

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