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sábado, junio 15, 2024
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¿Qué fue el famoso Plan Marshall?

Un total de 13.350 millones de dólares de la época (equivalentes más o menos a 160.000 millones de dólares actuales), fue inyectado en la economía de los países ayudados, en condiciones muy favorables: 85% de forma gratuita y 15% en préstamos a largo plazo

El Plan Marshall es el nombre por el que se conoce el Programa de Reconstrucción Europeo anunciado por el entonces secretario de Estado norteamericano George Marshall en un discurso en la universidad de Harvard el 5 de junio de 1947.

Ante la penuria europea y la imposibilidad financiera de comprar productos norteamericanos este plan de ayuda demandaba una coordinación previa de los países europeos para su aplicación. Para ello se reunió en junio/julio de 1947 una conferencia en París a la que, tras muchas dudas, acudió la URSS. Moscú pronto declinó el ofrecimiento y obligó a sus países satélites a hacer lo mismo alegando que el plan era un instrumento del imperialismo y la hegemonía americana. Pese a la campaña de los partidos comunistas, dieciséis países aceptaron la ayuda y se reunieron en una Conferencia en París en septiembre de 1947. La Conferencia tenía un triple objetivo: impedir la insolvencia europea que hubiera tenido nefastas consecuencias para la economía norteamericana, prevenir la expansión del comunismo en Europa y crear una estructura que favorecieran la implantación y el mantenimiento de regímenes democráticos. El golpe comunista de Praga en febrero de 1948 precipitó la aprobación por parte del Congreso norteamericano del Plan en abril de 1948. Ese mismo mes se creó la OECE (Organización Europea de Cooperación Económica) para repartir y concretar la ayuda. Se calcula que en total el Plan supuso una ayuda de 13.000 millones de dólares entre 1947 y 1952. El éxito del plan fue esencial para la recuperación económica y el asentamiento de los regímenes democráticos en Europa Occidental.

La España de Franco, que no cumplía ningún requisito democrático, fue excluida del Plan lo que hizo aún más duro el lento proceso de recuperación de España tras la guerra civil. Las discusiones públicas previas sobre la necesidad de reconstrucción habían sido ampliamente ignoradas, dado que las administraciones no se habían pronunciado sobre el tema y no suponía la creación de ningún tipo de política oficial. Al final, se acordó que el Secretario de Estado, George Marshall, debería resolver todas las dudas haciendo una comparecencia pública. El discurso, fue escrito por Charles Bohlen. “Es lógico”, dijo Marshall, “que los Estados Unidos hagan lo que sean capaces de hacer para ayudar a la recuperación de la normal salud económica en el mundo, sin la cual no puede haber estabilidad política ni paz asegurada. Nuestra política no se dirige contra ningún país, pero sí contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Cualquier gobierno que esté deseando ayudar a la recuperación encontrará total cooperación por parte de los Estados Unidos de América”. Marshall estaba convencido de que la estabilidad económica aportaría estabilidad política a Europa. Ofrecía ayuda, pero los países europeos deberían ser los encargados de organizar el programa por sí mismos. El discurso no ofrecía detalles ni cifras acerca del plan. Su elemento más importante era la llamada a los europeos para llegar a un entendimiento y para que creasen su propio plan de reconstrucción de Europa, y que los Estados Unidos entonces financiarían dicho plan. El gobierno pensó que el Plan Marshall sería impopular entre la población, y el discurso estaba orientado, básicamente, a la ciudadanía europea. En un intento de mantener la comparecencia fuera de la prensa estadounidense, los periodistas no fueron convocados, y ese mismo día el presidente Truman convocó una conferencia de prensa para distraer la atención de los medios de comunicación y desviar los titulares de prensa hacia otros asuntos. Por el contrario, Acheson fue nombrado responsable para contactar los medios europeos, especialmente los británicos, y el discurso fue leído íntegramente en la BBC.

Rechazo soviético

El ministro de asuntos exteriores británico, Ernest Bevin, escuchó el discurso radiofónico e inmediatamente contactó a su homólogo francés, George Bidault, para preparar una respuesta europea al ofrecimiento de Marshall. Los dos consideraron conveniente invitar a los soviéticos a las conversaciones, puesto que era la otra potencia vencedora. El discurso había incluido explícitamente a la URSS, porque los estadounidenses pensaban que excluirla habría sido un signo demasiado claro de desconfianza. Stalin estuvo cautelosamente interesado en la oferta en un primer momento. Stalin pensaba que los soviéticos podrían dictar los términos de la ayuda, y envió a París a su ministro de exteriores, Viacheslav Mólotov, a conversar con Bevin y Bidault. Los británicos y franceses compartían el punto de vista estadounidense sobre los soviéticos y presentaron a Mólotov una lista de condiciones que sabían que la URSS no aceptaría.

La más importante de dichas condiciones consistía en que cualquier país que se sumase al plan debería someter su situación económica interna al control de organismos o personas independientes, un control con el que los soviéticos no estarían de acuerdo. Bevin y Bidault también insistieron en que cualquier tipo de ayuda debería ir acompañada por la creación de una economía europea unificada, lo cual era enteramente incompatible con la estricta planificación económica soviética. Mólotov, pues, rechazó la ayuda y abandonó París. La alternativa soviética al Plan Marshall creada para la ocasión fue el Plan Mólotov y, más tarde, el COMECON.

La URSS y los países comunistas del Este rechazaron la oferta, en pleno antagonismo entre Moscú y Washington, que conduciría rápidamente a la Guerra fría.

El Plan Marshall, destinado a reactivar la economía “para permitir condiciones políticas y sociales necesarias para la existencia de instituciones libres”, solo es aceptado en su momento por países de Europa occidental (Austria, Bélgica, Dinamarca, Irlanda, Francia, Reino Unido, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal, Suecia, Suiza) y por Turquía.

Los resultados del plan Marshall fueron particularmente rápidos y no beneficiaron solamente a Europa. Los economistas consideran que la industria norteamericana sacó provecho de la acelerada expansión de los mercados del Viejo Continente, donde el dólar suplantó rápidamente a la libra esterlina como principal moneda comercial.

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