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Isabel Moctezuma: ¿la última princesa azteca?

Sobreviviente de la conquista española, tuvo una hija con Hernán Cortés. “Es una figura que simboliza la transición entre los dos mundos, que tuvo que asesorarse y aprender para solicitar su lugar privilegiado en el nuevo régimen colonial”, según la historiadora mexicana Raquel Urroz

Casi toda la vida de Isabel Moctezuma estuvo ligada a la tragedia. Sin embargo, hasta el final de sus días, se esforzó por ser una mujer generosa con quienes la rodeaban.

Su verdadero nombre era Ichcaxóchitl Tecuichpo. El primero proviene del náhuatl ichcatl y xochitl. En conjunto, estas palabras podrían traducirse como flor de algodón. En cuanto a Tecuichpo, –que también deriva del náhuatl– se descompone en teuctli –gobernante–, ichpochtli –doncella– y, cuando se le añade el sufijo tzin, quiere decir que es hija del tlatoani, por lo tanto, sería el equivalente a princesa. Sin embargo, después de la llegada de Hernán Cortés, fue bautizada y llamada Isabel. Se dice que fue unida en matrimonio a los 9 años con uno de sus primos. Sin embargo, la unión no duró mucho pues el esposo falleció.

Ichcaxóchitl era la hija predilecta de Moctezuma Xocoyotzin, noveno emperador mexica. Su madre fue Tayhualcan, hija del rey de Tlacopan –Tacuba–. Se desconoce cuándo nació Isabel exactamente, aunque se cree que fue entre 1503 y 1510. Pasó el tiempo y nuestra pequeña princesa comenzó a crecer aunque aun era muy joven cuando llegó Hernán Cortés a los dominios mexicas. Poco tiempo después, Isabel sería testigo de la destrucción y decadencia de su pueblo.

A pesar del buen recibimiento que les dio el tlatoani y el pueblo mexica a los españoles, estos no arribaron con buena voluntad. Pronto se desató la matanza del Templo Mayor. Pedro de Alvarado, capitán de Cortés, acompañado de sus hombres asesinó a sacerdotes, capitanes y demás miembros respetables de la sociedad mexica. Después, cuando Cortés regresó y se dio cuenta de lo sucedido, mantuvo secuestrado a Moctezuma en el Palacio de Axayácatl.

Los españoles trataron de utilizar a Moctezuma para calmar a la muchedumbre enardecida. No obstante, el pueblo ya no respetaba al tlatoani así que lo apedrearon. Sin embargo, antes de morir, el tlatoani agonizante le encargó a Cortés el respeto y cuidado de Isabel y sus otras hijas: María y Marina.

Una serie de matrimonios forzados

El tlatoani había caído. El pueblo mexica necesitaba un líder. El elegido fue Cuitláhuac, señor de Iztapalapa y hermano de Moctezuma. Para legitimar su ascenso, fue casado con Isabel. A pesar de las expectativas, el nuevo matrimonio no duró mucho. Cuitláhuac murió víctima de una enfermedad que habían traído los colonizadores: la viruela. Al poco tiempo, Isabel fue casada de nuevo. Esta vez se trataba de Cuahutémoc, primo de Moctezuma, señor de Tlatelolco y último tlatoani mexica.

Hasta entonces, Isabel era conocida y nombrada como Tecuichpo. No obstante, después de ser casada, fue bautizada. Su padrino fue el propio Hernán Cortés quien le otorgó el título de “doña” como alusivo a su origen noble. Le dio el nombre de Isabel en honor a Isabel I de Castilla y conservó el apellido de Moctezuma reconociéndola como la única hija legítima del tlatoani caído. A pesar del cambio, durante el periodo colonial fue llamada con sus dos nombres, el español y el indígena.

Entre 1524 y 1525, Isabel quedó nuevamente viuda. Esto sucedió porque Cuauhtémoc fue acusado de liderar una sublevación en contra de los españoles. Como consecuencia fue ejecutado. Para entonces, Tenochtitlán ya había caído por lo que Cuauhtémoc era el último tlatoani mexica e Isabel Moctezuma era el equivalente a la última “princesa” azteca.

Posteriormente, Cortés la casó con Alonso de Grado. Además, concedió a Isabel una cuantiosa dote: la encomienda perpetua de Tlacopan. No obstante, este matrimonio tampoco duró mucho pues don Alonso murió al año. Para ese momento, también Cortés había quedado viudo así que llevó a su casa a Isabel. En ese periodo y en contra de la integridad y el consentimiento de Isabel, Cortés mantuvo relaciones sexuales con ella. De la relación, nació Leonor Cortés y Moctezuma.

Para Isabel, la existencia de Leonor representaba el fruto de la unión forzada y de la destrucción de su pueblo. Por lo mismo, nunca la quiso y, como prueba de ello, no la incluyó en su testamento. Pero, antes de que Leonor naciera, Cortés casó a Isabel con uno de sus mozos: Pedro Gallego, quien aceptó hacerse cargo de Isabel y su futura hija. Después de que Leonor naciera, fue rechazada tanto por su madre como por Cortés. No obstante, el conquistador después la reconoció y por ello le dio su apellido.

Isabel Moctezuma nuevamente quedó viuda así que se casó de nuevo. Cabe señalar que, esta vez fue por voluntad propia. El afortunado fue Juan Cano de Saavedra, con quien procreó seis hijos: Pedro, Gonzalo, Juan, Isabel, Catarina y uno cuyo nombre se desconoce. A partir de entonces, doña Isabel pudo tener algo de paz y estabilidad, destacando como una mujer generosa, querida por todos y amable con casi todos –excepto con Leonor. Isabel encontró la muerte en 1550 aunque su existencia quedó grabada en un pasaje importante de la historia.

Antes de morir, Isabel Moctezuma hizo su testamento. En este, otorgaba la libertad a todos los esclavos e indios que vivían bajo su encomienda. A sus hijas les cedía vestidos, joyas, camas y alfombras. Mientras tanto, a Juan y a Gonzalo les dejó Tacuba. A pesar de que Isabel no dejó nada a la hija que no quería –Leonor– sus hermanos compartieron con ella la herencia.

¿La última “princesa” azteca?

Es importante señalar que algunos autores consideran impreciso el nombramiento de “reyes”, “princesas”, etcétera para la antigua sociedad mexica. Esto debido a que no creen que los pueblos mesoamericanos hayan conformado reinos o imperios pues tenían su propia forma de gobierno. Esta última era conocida como tlahtohcayotl la cual era gobernada por el tlatoani. Por lo tanto, el término “princesa” estaría mal empleado para referirse a Isabel Moctezuma. No obstante, algunos autores y antropólogos como Susan D. Gillespe, utilizan conceptos como “sucesión real mexica”, “reinas mexicas”, etcétera.

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