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domingo, junio 16, 2024
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El milenario Camino de Santiago, rodeado de un palacio para hadas

Poco antes de llegar a la pequeña urbe, los viajeros asendereados que recorren el Camino de Santiago se detienen a contemplarla desde un otero que domina el valle verdeante del río Tuerto

El milenario Camino de Santiago está lleno de arte, especialmente Románico y Gótico, pero en medio de tanta obra maestra medieval, el genial arquitecto Antonio Gaudí dejó un estallido de fantasía, un palacio que parece hecho para las hadas: El palacio episcopal de Astorga.

Casi toda la obra de Antonio Gaudí, desde la Sagrada Familia a La casa Milá o el parque Guell está en Cataluña. Tan sólo tres edificios llevó a cabo fuera de su territorio natal; de ellos, el más destacado es este palacio situado en una pequeña ciudad del noroeste español, fundada hace 2,000 años por Augusto, el emperador de Roma.

Astorga, tiene encanto. Como vieja ciudad episcopal –una de las primeras sedes cristianas de Hispania conserva arte de distintas épocas en sus iglesias y museos, esparcidos por un casco urbano pequeño y ceñido por una recia muralla de casi dos milenios de vida.

Poco antes de llegar a la pequeña urbe, los viajeros asendereados que recorren el Camino de Santiago se detienen a contemplarla desde un otero que domina el valle verdeante del río Tuerto. La ciudad se presenta ante ellos con casas de escasa altura, como aferradas a la orografía, entre las que destaca la mole catedralicia, que realza el poder divino sobre las cosas mundanas.

Sí. Astorga es una ciudad en la que se denota el poderío de la religión. Lo proclama el propio edificio de la catedral, dotado de una extraordinaria fachada barroca, la más espectacular de España, junto con la del Obradoiro, de Santiago de Compostela.

En el entorno de la catedral está el palacio, cuyas obras dieron comienzo en 1889, después de que ardiese la residencia anterior.

¿Cómo llegó Gaudí a esta pequeña ciudad del occidente español? Muy sencillo: el obispo que regentaba entonces la diócesis de Astorga era natural de Reus (Tarragona) al igual que Antonio Gaudí, y ambos ya habían mantenido contactos con anterioridad.

Gaudí simultaneó las obras de Astorga con las de la Sagrada Familia de Barcelona. Para llevar un control directo no solo viajó en varias ocasiones a la ciudad, sino que envió desde Cataluña a operarios familiarizados con sus realizaciones.

El genio catalán realizó en Astorga un palacio de aspecto medieval, más ajustado a las líneas neogóticas que a otros trabajos suyos. Pero en su juego innovador incorporó formas nuevas como los capiteles de estrella o las espectaculares arcadas del acceso.

Se dice incluso que para el magnífico pórtico Gaudí se inspiró también en la Torre Eiffel. La vista del edificio desde el oeste nos permite detectar ese juego, con esos arcos abocinados que se abren en medio de unos contrafuertes que se van ensanchando a medida que acceden al suelo, al igual que las patas de la torre parisina; y con esa torrecilla que adelgaza a medida que asciende.

Las torres cilíndricas coronadas por chapiteles, el foso… todo da a esta creación arquitectónica un aire romántico, aportando un eco del medioevo que eclosiona ante los lienzos severos de las murallas romanas y la estructura tardogótica de la catedral.

La funcionalidad se olvida en este palacio, que constituye un grito de fantasía en medio del Camino de Santiago. El palacio es más un sueño que una residencia episcopal, algo que no comprendió el Cabildo diocesano a la muerte del obispo (1893) lo que motivó la paralización momentánea del proyecto. Reanudadas las obras en 1907, bajo la dirección del arquitecto Ricardo Guereta, se terminó el Palacio en 1915.

Nunca ha habitado en él ningún obispo. Algún literato español, despistado en sus salas, dijo que buscaba por alguna de las estancias la tumba de Blancanieves. Actualmente, esta joya del Modernismo es un museo de arte religioso.

Todo constituye una sinfonía sorprendente que impregna de alegría al viajero. No es raro por ello que peregrinos, turistas o las parejas de enamorados aprovechen la visita para fotografiarse ante este palacio de cuento, cuya imagen les resultará inolvidable.

Este dato lo confirman las encuestas que hechas a los caminantes que llegan a Santiago de Compostela desde cualquier punto, no dudan en citar entre los monumentos más bellos que han encontrado en el Camino al que un día diseñó Antonio Gaudí, y que parece estar hecho para el reino de las hadas.

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