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viernes, abril 12, 2024
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El embustero bravucón

El mentiroso puede engañar a muchos, pero no a todos ni todo el tiempo.

El bravucón espanta, hasta que le ponen un alto. El final se acerca

Hace pocos meses, semanas incluso, el discurso desde Palacio era que tenían ganada la elección, y que su meta era la mayoría calificada en el Congreso, para impulsar las 20 ocurrencias recientes. Se trataba de desalentar a los mexicanos. Lo que querían era que no hubiese suficiente afluencia a las urnas el 2 de junio, y con ello lograr efectivamente el triunfo. Se acabó. Ahora el discurso regresa a la cantaleta del golpe de Estado, blando o técnico, que se ha utilizado 172 veces en las mañaneras, de acuerdo con SPIN, de Luis Estrada.

Dice López Obrador que se está preparando ese golpe de Estado desde el Poder Judicial. Reclama que en el Tribunal Electoral estén llevando la cuenta de las veces en que ha violado la ley y la Constitución, actuando peor que cualquier otro presidente en la historia. La ley electoral que él exigió después de su berrinche de 2006 es la que ahora viola cotidianamente. Y es que el candidato es él, no la repetidora que anda en campaña, que rápidamente reiteró los dichos de su líder.

Claramente, López Obrador está sembrando las semillas de la insurrección que impulsará en caso de ser derrotado, él y su repetidora, en las elecciones del 2 de junio. Ya todos sabemos que él nunca ha aceptado un resultado adverso en elecciones, y no será ahora la primera vez. Sabe perfectamente que la última palabra, la calificación de la elección, es responsabilidad del Poder Judicial, específicamente del Tribunal Electoral. Por eso quiere descalificarlo desde hoy. Repite lo que hicieron Trump y Bolsonaro, y en caso de perder, repetirá los intentos de insurrección de esos dos persona-jes. Creo que tendrá el mismo destino de ellos: será removido por las Fuerzas Armadas, que responden a quien el Tribunal Electoral califique como presidente, y no a cualquier demente que habite Palacio.

No hay novedad en López Obrador. Siempre ha sido, y sigue siendo, un embustero y un bravucón (bu-lly). Hay quienes han confundido sus dotes de embaucador con habilidad comunicacional, pero supongo que ya habrán caído en cuenta de que, mintiendo, cualquiera parece saber de lo que habla. Y otros han afirmado que es un gran político, también confundidos. Político es el que suma voluntades, construye alianzas, cumple acuerdos. López Obrador enfrenta, destruye, usa y desecha, como lo evidencia su larga historia de traiciones y abusos.

Ahora está haciendo justo eso: miente continuamente, acerca de logros inexistentes de su administración, o nuevas promesas para Dos Bocas o el sistema de salud, pero además amenaza. Desde hoy nos dice que si no gana, será por un fraude, un golpe técnico, que impulsan sus adversarios conservadores a través del Poder Judicial. Entre mentiras y amenazas, espera que le alcance. Unos lo seguirán ilusionados, otros se harán a un lado, con miedo, y él podrá continuar en el poder eternamente.

Triste papel le ha tocado a Claudia Sheinbaum en esta tragedia. Soberbia y altanera como parece ser, vivir en la humillación permanente a la que la ha condenado López debe ser muy difícil. Tal vez por eso los exabruptos, cada vez más frecuentes, de desprecio y prepotencia. O tal vez ya empiece a resentir, como otros candidatos de su coalición, la falta de apoyo de las bases. Le ocurre a Clara Brugada en la Ciudad de México, a Rocío Nahle en Veracruz, no hay quien las busque.

El mentiroso puede engañar a muchos, pero no a todos ni todo el tiempo. El bravucón espanta, hasta que le ponen un alto. Los humillados e incapaces, sin su líder mentiroso y bravucón, no son nada. El final se acerca.

elfinanciero.com.mx/opinion

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