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lunes, abril 15, 2024
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CATALINA PIZARRO LA PRIMERA CUBANA QUE PASÓ A LA HISTORIA

Por Emilio Martínez Paula

A los 19 años llegó Cortés a la Española

Hernán Cortés, al que algunos han calificado de semental histórico a juzgar que dejó descendientes por doquiera que puso sus plantas y el resto de su humanidad. De la Española, donde ganó fama de pendenciero y alguna fortuna, pasó a Cuba.

A los 26 lo encontramos de secretario del gobernador Diego Velázquez y tesorero del rey Carlos V, lo que le permitía tener buena vida en su ranchón atendido por sus sirvientes y muy en especial por una que era la encargada de hacer el pan casabe que se hacía de la yuca.

Leonor, que así se llamaba la niña, se movía de un lugar para otro con el torso denudo y sus vergüenzas las cubría con la vestimenta al uso. No era un taparrabos, porque rabo no tenía. Digamos un tapanalgas, que le cubría los misterios de su sexo y las posaderas. (La mujer es la presa que se lanza sobre el cazador Ortega y Gasset). Una tarde, bajo la presión de la canícula tropical, Leonor se afanaba en hacer su pan casabe. Se movía airosa, con sus senos erectos y triunfales. Fernando que era el nombre que le gustaba firmar, la contemplaba con las pupilas dilatadas por la libido. Y sin pensarlo más, Fernando Cortés la asió por la cintura y forzándola un poco la deja caer sobre el tosco lecho. El macho la contempló desnuda. Era hermosa. Leonor cerró los ojos. Y con orgullo de hembra preferida, se sometió al divino suplicio del desflore. El himen desgarrado dio fe de la virginidad de la doncella.

Leonor contemplaba cómo su figura se desdibujaba por la maternidad cercana. Cuando dio a luz, había nacido la primera cubana que pasó a la historia. Leonor la mecía en sus brazos orgullosa.

La niña era muy blanca, y el padre vio en ella el retrato de su propia madre. Tanto le gustó la niña que quiso celebrar el acontecimiento. A ruegos y a regañadientes el gobernador Velázquez accedió a ser su padrino. Hubo fiestas y corrió el buen vino del Guadalcanal, que tanto le gustaba a los indios que se caían para atrás si tanto se les daba. Fernando la bautizó con el nombre y el apellido de su madre, ajena a estos devaneos de su hijo.

El historiador Bernal Díaz afirma que Leonor Pizarro era “una india de Cuba que se decía doña fulana Pizarro” (cap. Cciv, “La Conquista de la Nueva España”. Lo de india como aborigen parece improbable, seguramente se trataría de una “indiana”, española nacida en las Islas.

La niña fue bautizada como Catalina Pizarro, que así se llamaba la madre de Hernán Cortés. Fue la primera cubana que pasó a la historia.

Esta hija nació hacia 1514 ó 1515 en Santiago de Cuba, y la madre Leonor Pizarro, era residente en la isla, y acaso pariente de Cortés.

Catalina Pizarro, siendo ya mayor fue a residir a Nueva España donde Cortés la casó con el conquistador Juan de Salceda.

Cuando Hernán Cortés, ya muy enfermo en Sevilla, dictó su Testamento, le dedicó las cláusulas XXV a XXXII para proteger a Catalina, por quien sentía especial cariño y a la que había legitimado en una bula papal de Clemente VII en 1529. Sin embargo, a pesar de ello, Catalina tuvo un destino amargo, pues fue despojada de sus bienes por su madrastra la Marquesa viuda, Juana de Zúñiga y contra su voluntad, recluida en un convento.

Otra Catalina

Catalina Suárez fue la primera de muchas esposas que tuvo Hernán Cortés. Se conocieron en 1512 y se casaron en Cuba dos años después. Se presume que era una pareja sumamente enamorada; sin embargo, una noche de noviembre de 1522 Catalina fue encontrada muerta en su cama.

Catalina emigró a tierras españolas con su familia para poder tener un mejor futuro. De acuerdo a José María González, historiador e investigador español, en 1509 ella y su hermano lograron ser parte de la corte que acompañaba a María de Toledo, esposa del gobernador Diego Colón, hermano de Cristóbal Colón.

En 1512 Catalina se fue a Cuba, pues era una isla que se acababa de conquistar. Ahí conoció a Hernán Cortés, quien ya tenía una hacienda y trabajaba como escribano, persona que se dedica a copiar y escribir documentos a mano.

Se cree que Hernán Cortés conquistó a Catalina Suárez por puro entretenimiento; sin embargo, en 1514 se casaron por presión de Juan Suárez, hermano de ella. Con el paso del tiempo su relación mejoró pero se separaron años después porque Cortés tuvo que salir de la isla.

Hernán Cortés partió de Cuba a Veracruz en 1519 para empezar la conquista en tierras aztecas. A su llegada fue recibido con regalos, entre ellos una mujer indígena que serviría como traductora. Ella y otras 19 mujeres fueron regaladas después de la derrota de los mayas en la batalla de Centla.

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