fbpx
73.2 F
Houston
domingo, mayo 19, 2024
InicioEditorialCaos nicaragüense: la revolución anti-católica del dictador

Caos nicaragüense: la revolución anti-católica del dictador

*Santiago Torrijos Pulido

Con tan solo 35 años, el impetuoso líder del partido comunista ruso, Vladimir I. Lenin, pronunció palabras que constituyeron un ataque frontal contra la religión:

“Nuestro Partido es una unión de luchadores conscientes y avanzados por la emancipación de la clase obrera. Esta unión no puede ni debe permanecer in-diferente ante la inconsciencia, la ignorancia o el obscurantismo bajo la forma de creencias religiosas.”

Desde esta temprana edad, Lenin concibió a la religión (y en especial al catolicismo) como un sistema de creecias alienador y dogmático, que oscurecía la visión del proletariado y, en consecuencia, un verdadero escollo para el logro de los objetivos de “emancipación” de la clase obrera.

A raíz de esta postura ideológica, la Iglesia tuvo que soportar una persecución incesante por parte del Bloque Comunista, desde la Revolución de 1917 hasta la caída del Muro de Berlín. Sin duda alguna, frente a los ataques hirientes del comunismo, hizo historia el joven Pontífice Juan Pablo II, quien desde finales de los 70 organizó una cruzada para hacer prevalecer los derechos de los católicos, incluso aquellos bajo el yugo de la represión, sometidos tras los grisáceos muros de las ciudades soviéticas de Europa del Este, donde las hileras de edificios homogéneos se confundían con el férreo control social en contra de los valores tradicionales y la libertad de sus habitantes.

Más de 100 años más tarde, la señora Rosario Murillo, coequipera de las nefastas andanzas del dictador Ortega, de Nicaragua, tildó a los obispos de “demonios con sotanas”. Es claro, entonces, que aquellos regímenes que buscan reprimir y castigar posiciones ideológicas en su contra, se abalanzan en contra de la religión imperante, no solamente porque es una vía para privilegiar valores distintos al totalitarismo (tolerancia, respeto y convivencia armónica en el marco de las diferencias) sino también porque la Iglesia, ya no vista desde el punto de vista ideológico, sino analizada como fenómeno sociológico y político, representa una organización civil con la suficiente infraestructura e influencia para que a partir de allí se re-produzcan las primeras semillas de la revolución democrática.

No deja de ser irónico que la señora Murillo, la misma que asistió a un pomposo matrimonio celebrado por el reconocido Monseñor Obando y Bravo, como símbolo de la reconciliación entre los sandinistas y la religión imperante para la gran mayoría del pueblo nicaragüense, ahora sea la que se burla sínicamente de aquella imagen, tan diciente y lamentable, del señor Obispo Rolando Álvarez, hincado de rodillas, doblegado por elementos policiales.

Asistimos, entonces, a una reproducción virulenta de la actitud propia de los gobiernos dictatoriales, dirigida, más que contra creencias religiosas per se, más bien como mecanismo (desesperado) para recuperar el decadente “poder” social, con el fin de, por vía de mano dura, evitar la propagación libre de ideas de tolerancia y de no violencia. En ese sentido, era de esperarse esta reacción grotesca de parte del gobierno de Ortega, el cual ha cerrado múltiples medios de comunicación, ha encarcelado opositores y ha obligado a cientos de ONG a salir del país.

Ante ello, la respuesta de la OEA no se ha hecho esperar y por abrumadora mayoría de 27 votos de 34, se condenó a Nicaragua por esta evidente discriminación social y religiosa. De forma opuesta a lo anterior, la lacónica respuesta del Vaticano deja mucho que esperar, puesto que el Sumo Pontífice se limitó a expresar mera “preocupación”. De frente a este panorama, resulta esencial la aparición de liderazgos regionales que no necesariamente han de ser pro-católicos, sino tener presente que en el marco de los derechos fundamentales en toda sociedad moderna no solamente está la libertad de culto, sino también la libertad de opinión y de expresión, y la Iglesia no solamente es una institución religiosa, sino también un foro donde se ventila una ideología de respeto y valoración por los demás, que ningún dictador de poca monta puede pretender silenciar.

*Abogado Penalista en la firma
Mario Iguarán Abogados Asociados
Egresado de la Universidad de Los Andes y del
Center for Transnational Legal Studies de la
Universidad de Georgetown

NOTICIAS RELACIONADAS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Noticias Recientes