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sábado, mayo 18, 2024
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Arequipa, Ciudad Blanca y Señora

Gracias a su gastronomía, historia, turismo y riqueza minera, ha logrado convertirse en la segunda ciudad más industrializada y con mayor actividad económica de su país

Quienes viven por cierto tiempo en la ciudad sureña de Arequipa, en Perú, tienen derecho a solicitar el “pasaporte” de la República Independiente de Arequipa. Este acto lúdico, sin ningún valor legal, además de evocar la época en que realmente existió durante la guerra contra Chile dicho Estado, permite imaginar hasta qué punto los arequipeños de hoy se sienten diferentes del resto de las ciudades del país.

Cuando se llega a la ciudad señorial se siente, a pesar de sus 2,335 metros de altura, una ligereza en la atmósfera.

Sus habitantes suelen ser pausados, cordiales y de trato muy afable, casi rayando en un estilo de cortesía y corrección completamente olvidado en el resto de las extintas colonias españolas de América. Cunde el buen humor y el servicio atento.

La vida transcurre al ritmo lento del toque de campanas de su gran Catedral –de 1621 y una de las más grandes del cristianismo, muchas veces derrumbada por los sistemáticos temblores de tierra de la región– y es un placer sentarse en sus bancos o en cualquiera de los soportales de las casas palaciegas que la rodean, la mayoría construida en piedra de sillería y soportes de gran calidad desde el siglo XVII.

De todos los conventos de América, Arequipa tiene el de Santa Catalina de Siena, el más grande del continente (20,000 metros cuadrados). Verdadera ciudad dentro de la ciudad, con barrios, calles y plazuelas, el edificio fue fundado en 1579 y desde entonces no ha parado de crecer.

Posee además de las históricas celdas de las monjas (con sus nombres sobre los dinteles de las puertas), hermosas fuentes, jardines, patios con óleos en las galerías y una excelente pinacoteca con obras de los siglos XVI al XVIII de la escuela de pintura cusqueña. El monumento puede ser visitado también durante la noche en que el efecto teatral de la iluminación acentúa el misterio que lo envuelve. La visita diurna permite apreciar el intenso colorido de sus diferentes manzanas en blanco, azul de añil, rojo bermejo o amarillo, según cada sección.

Es en un extremo de la gran Plaza de Armas que se halla el significativo templo de La Compañía, construido en 1573 por los jesuitas en estilo barroco que recuerda al plateresco español. En su interior, la capilla pintada de San Ignacio es uno de los tesoros de la ciudad y los claustros consecutivos y aledaños a la nave principal de la iglesia, con fuentes y columnas de hermosos relieves tallados en la piedra, son también motivo de admiración desde su construcción en el siglo XVIII.

No faltan otros conventos en la ciudad, como el de San Francisco (1569), de claustro ajardinado e íntimo, o el mucho más aereado del convento de Santa Teresa (1710) en el que también se exhiben interesantes óleos y obras de arte del periodo colonial en un museo llamado de Arte Virreinal. Es necesario deambular por las manzanas del centro para constatar la belleza de las construcciones, de los grandes ventanales precedidos de rejas labradas, de los dinteles y marcos esculpidos de las puertas, los patios con galerías y balconaduras, los techos de artesonado y todo lo hace que Arequipa haya sido declarada hace 24 años Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Entre las casas notorias se encuentran la del Moral, la Ricketts, la Goyeneche y la Iriberry, entre otras.

Una experiencia sin lugar a dudas única es la visita del gran mercado San Camilo. Las estanterías de frutas, legumbres y productos regionales son dignas de admirar, y es allí donde se aprecia la diversidad de productos de la tierra de los que dispone el Perú. Sabido es que solo en cantidad de tipos de papas el país se enorgullece de poseer alrededor de 3 000 variedades registradas por el Centro Internacional de la Papa.

Uno de los paseos en las afueras de la ciudad es el del distrito de Yanahuara. Allí se encuentra la curiosa iglesia de San Juan Bautista, a un costado de la agradable plaza ajardinada del centro donde, desde un mirador, se divisa claramente El Misti, uno de los grandes volcanes que rodean a Arequipa. La iglesia data de 1750 y digno de atención es su portón labrado con elementos mestizos hispanoandinos escoltada a cada lado por sendas columnas pareadas con podios almohadillados.

Abundan en la ciudad muy buenos hoteles, algunos en edificios históricos como es el caso de la Posada del Monasterio, en frente del convento Santa Catalina, o la Casa Andina, en el centro histórico. También excelentes restaurantes de comida típica o de gastronomía internacional, así como cantinas populares con excelentes platos tradicionales.

La altura relativamente moderada comparada con las de Cusco, Juliaca, Puno o el lago Titicaca hacen de ella una escala ideal antes de emprender el viaje hacia uno de estos últimos lugares.

Arequipa es la ciudad natal del escritor Mario Vargas Llosa y no ha de extrañarnos la intensa actividad cultural que en ella se vive todo el año. Entre las fiestas más coloridas se encuentran la de la Virgen del Chapi, el Carnaval y un extraordinario Festival de Música a mediados de junio.

Esto unido a un clima muy benigno, en el que nunca hace ni calor excesivo ni frío, la convierte probablemente en la más agradable de las ciudades peruanas

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