fbpx
88.1 F
Houston
lunes, junio 24, 2024
InicioEditorialTragedia Revolucionaria

Tragedia Revolucionaria

*Santiago Torrijos Pulido

Naama Levy era una joven pacifista, quien solamente buscaba alguien que hablara inglés. Sus ojos transmitían un terror profundo aquel 7 de octubre, cuando los terroristas de Hamás la acorralaron, junto con otras jóvenes israelíes, contra una pared, queriendo despojarlas de su feminidad.

Meses atrás, Naama había compartido imágenes en redes sociales de sus esfuerzos por unir las voces de israelíes y palestinos jóvenes, para encontrar puntos en común y unir esfuerzos en torno a una solución pacífica de cara a aquella cruda y seca división territorial y cultural, que ha sido la madre de una la violencia despiadada y fratricida.

No la escucharon. No la respetaron. La degradaron. La maltrataron. La violaron. Las siguientes imágenes de ella dan cuenta de su forzoso ingreso a un vehículo militar, en las calles de Gaza, mientras los terroristas y sus simpatizantes lanzaban arengas violentas y des-piadadas.

¿Qué habría pasado por la mente de Naama cuando, en lugar de encontrar a alguien que la tratara de manera medianamente digna, y la pusiera en comunicación con sus amigos palestinos, con los que había trabajado mano a mano, lo único que podía escuchar eran los gritos xenófobos de sus captores, que la señalaban como culpable de una confrontación histórica de la cual ella, al igual que miles de israelíes y palestinos, realmente no había hecho parte, y a la cual muchos jóvenes solamente han sido trasladados por la inercia de sus lazos sanguíneos, y por haber nacido, quizás, en el tiempo y el lugar equivocados?

¿Cuánto sufrimiento habría soportado, en una soledad empapada de terror y gritos estridentes -los suyos de impotencia, y los de sus captores de ira y de lujuria-? ¿Cuántas veces habría sido despojada de su inocencia en los momentos que transcurrieron entre su captura y aquel horrendo segundo vídeo, cuando era empujada y maltratada (nuevamente) por sus verdugos, en medio de las abarrotadas calles de Gaza, pero esta vez teniendo que moverse con dificultad, quizás con sus huesos quebrados, y teniendo que usar aquel pantalón gris manchado de un rojo intenso? ¿Cómo es que alguien, sabiendo que lo que tenía delante era tan solo una joven indefensa, habría sido capaz de señalarla a ella de ser la causa de la violencia, e irónicamente, tan solo unos instantes más tarde, habría sido arrastrado por un deseo absolutamente inhumano, llegando a lo más bajo de los instintos, hasta ese distante punto en el que el hombre bordea las fronteras con el animal, de querer tener hijos con ella, afirmando que ella era una de las que “podían quedar embarazadas”?

Tan solo algunos meses después, y como si esta realidad fuera un espejismo fantasioso, presas de un progresismo ciego, cientos de estudiantes protestaban en Harvard, en Columbia y hasta en la University of Houston. En algunos puntos de protesta, se cubrían con capuchas y escafandras, para ser protegidos por el anonimato. Otros llevaban consigo slogans de los cuales ni siquiera sabían el significado. “From the river to the sea, Palestine will be free”. “Free, free, Palestine”. Arengas en árabe y los colores distintivos de Hamás y Hezbollah. En las paredes de algunas otras universidades, esvásticas pintadas en rojo. Aquel eco ensordecedor, disruptivo y violento, que empañó varias ceremonias de grado (otrora pacíficas), y que atormentó a padres y estudiantes judíos por igual, solamente puede ser comprendido desde el punto de vista de la ignorancia.

No califico de ignorantes a aquellos que se alzaron por la paz. Tampoco a aquellos que protestaron en contra de los actos de lesa humanidad y los crímenes de guerra perpetrados en Gaza. Mucho menos a aquellos que hicieron sentir su voz por las muertes injustas de trabajadores sociales cuyo único objetivo era ayudar a alimentar a los más necesitados. Y sobre todo, me pronuncio absolutamente a favor de los que claman por la vida de los niños de Gaza, quienes tanto han sufrido y quienes merecen ayuda urgente.

Llamo la atención, en cambio, de aquellos (esos sí, absolutamente ignorantes) que tomaron partido sin comprender la naturaleza de un conflicto intergeneracional en donde ha habido excesos de parte y parte. De aquellos que buscaron poner una “trend” de redes sociales por encima de las lágrimas de Naama Levy. Llamo la atención, también, de aquellos que parecen cegados por el sufrimiento y el dolor, tanto así que son capaces de infligir -demencialmente- el mismo su-frimiento. Esos actos solo contribuirán a que la violencia siga marchitando los esfuerzos de jóvenes palestinos e israelíes como Naama. Quien sea que haya salido a marchar, a discriminar y a señalar a todo un país de las erradas decisiones de algunos pocos dirigentes, merece todo el reproche y, muy a pesar de sus “altas” calificaciones en prestigiosas universidades, merece el título de ignorante. La dignidad no será pisada. Los verdaderos pacifistas trabajaremos para impedir que el odio siga derramándose sobre las niñas y las jóvenes inocentes, estén del lado que estén, en aquella árida frontera.

*Abogado Penalista en la firma Mario Iguarán Abogados Asociados

LL.M. de Georgetown Law

NOTICIAS RELACIONADAS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Noticias Recientes