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martes, junio 25, 2024
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TODAS LAS RELIGIONES TIENEN ALGO BUENO

Por Emilio Martínez Paula

El papa Francisco ha dicho en varias ocasiones que todas las religiones tienen algo bueno, lo que es posible, y demuestra que el Papa es un hombre cordial que procura que todos los religiosos se respeten y traten de ser buenos amigos. Ojalá así sea. Aunque el Papa, en una de sus entrevistas, dejó entrever que no le pareció bien que el semanario Charlie Hebdo se burle de las figuras religiosas y hasta llegó a decir que si alguien ofende a su madre él le pegaría un puñetazo.

Estamos de acuerdo. Pero las religiones también pueden tener muchas contradicciones y sobre todo creer que una puede ser mejor que las otras, pues hay muchas religiones y cientos de dioses.

Además, la mayoría de las personas adopta una religión no porque la conozca, sino porque sigue la tradición familiar. Parece que todos tienen necesidad de creer en algo y esto les ayuda.

Aquí nos parece oportuno relatar la visita del papa Francisco a Filipinas, la que fue muy comentada porque más de siete millones de filipinos se agolparon para recibirlo y se dio el caso de que una niña de 14 años le dijo al Papa, hablando en español: He sufrido mucho en mi vida, me violaron, me convirtieron en una prostituta, me obligaron a tomar drogas y traficarlas ¿Por qué Dios no hizo nada por mí? El Papa se limitó a decir: No tengo respuesta para esa pregunta.

Debemos empezar por comentar las religiones, especialmente la musulmana, que está en estos momentos bajo comentarios mundiales, fundada por el profeta árabe Mahoma, del que se conocen pocos datos seguros que nos han llegado envueltos en las leyendas. Su nombre fue probablemente Ahmad, nacido en una familia pobre. A los 25 años se casó con una viuda rica Jadicha de la que era criado. Jadicha le dio una hija Fátima, además de una posición social más desahogada como un comerciante respetado en la sociedad monoteísta de su época en las comunidades cristianas y judías. Con tan escasa cultura, pues probablemente era analfabeto, creó una religión que ha servido de base para una cultura universal. A los cuarenta años Mahoma comenzó a retirarse a una cueva en la que creyó haber recibido la revelación de Dios- Alá- que le hablaba a través del arcángel Gabriel y le comunicaba el secreto de la verdadera fe.

Animado por Jadicha comenzó a predicar en su ciudad natal presentándose como continuador de los grandes profetas monoteístas anteriores, Abraham, Moisés y Jesucristo.

Mahoma consiguió sus adeptos entre las masas más pobres al tiempo que se enemistaba con los ricos, las autoridades comenzaron a verlo como una amenaza contra el orden establecido y comenzaron a perseguirlo. Decidió huir a Medina. Se considera el hecho de esa huida –la Hégira- como fecha fundamental de la era islámica. En Medina tuvo contacto con la comunidad judía que lo rechazó alegando que interpretaba erróneamente las Escrituras Sagradas.

Comprendió entonces que su predicación no conducía a la religión de Abraham, sino que constituía una nueva fe. Combinando la persuasión con la fuerza, Mahoma se fue rodeando de seguidores que comenzaron a practicar robos contra caravanas que cruzaban el desierto y poblaciones del contorno como medio de vida.

También es famosa la vez que Mahoma le dijo a los que lo escuchaban que “Mañana a tal hora, señalando unas montañas cercanas, las montañas vendrán a mí” Al siguiente día la multitud se apiñó alrededor de Mahoma quien al ver que las montañas no venían a él, dijo: “Pues si las montañas no vienen a mí, nosotros iremos a las montañas”. La multitud lo siguió y así consolidó su poder.

Los musulmanes comenzaron a practicar la “guerra santa” el uso de la fuerza para imponer, someter y convertir a los infieles. En Medina, Mahoma se convirtió en un caudillo no solo religioso sino también político y militar. Los enfrentamientos entre Medina y la Meca culminaron con la conquista de esta última ciudad y convenientes enlaces matrimoniales. Mahoma se casó hasta con doce mujeres, nueve de ellas al mismo tiempo. Algunas casi niñas.

Poco antes de morir Mahoma realizó una peregrinación de Medina a la Meca, que ha servido de modelo para este rito que todo musulmán debe realizar una vez en su vida.

Los musulmanes tienen su libro sagrado, el Corán que expresa su credo e incluye su ley. Su esencia y apariencia improfanables y trascendentales residen, para la fe musulmana, en contener la palabra de Alá revelada a su enviado o mensajero Mahoma, quién la iba transmitiendo en lengua árabe clara a las personas de su alrededor como mensaje de su salvación. En la breve oración, frecuentemente recitada: ¡En nombre de Dios- Alá- el compasivo el misericordioso! ¡Alabado sea Alá, señor del universo, el compasivo el misericordioso, amo del día del juicio. Te adoramos, te pedimos ayuda. Condúcenos por la vía recta, la vía de aquellos a quienes das tu gracia no la de quienes incurren en sus fallos. El Corán define las creencias del islam. El mensaje es en esencia que hay un solo Dios-Alá- creador de todas las cosas que es el único al que hay que servir practicando un culto y observando una conducta correcta.

Excepto para el caso de la guerra santa el Corán deja a los hombres en el marco de su vida cotidiana exigiéndoles solo que obren bien se encuentren donde se encuentren. La guerra santa según textos del Corán: Combatid por Dios-Alá- contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que matar. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada a no ser que os ataquen allí. Así que si combaten contra vosotros matadles: ésa es la retribución de los infieles. Pero, si cesan, Dios es indulgente, misericordioso.

Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostar y se rinda culto a Dios- alá- Si cesan no hay más hostilidad que contra los impíos. Las cosas sagradas caen bajo la ley del talión. ¿Diente por diente ojo por ojo?

Si alguien os agrediera agredidle, agredidle en la medida que os agredió. Temed a Dios y sabed que Él está con los que le temen.

Gastad por la causa de Dios y no os entreguéis a la perdición Haced el bien. Dios ama a quienes hacen el bien.

O ¿creeréis que vais a entrar en el Jardín sin que Dios-Alá- haya sabido quienes de vosotros han combatido y quienes han tenido paciencia?

¡Creyentes¡ ¡Tened cuidado ¡ Acometed en destacamentos o formando un solo cuerpo. Hay entre vosotros quien se queda rezagado del todo y, si os sobreviene una desgracia, dice: Dios me ha agraciado, pues no estaba allí con ellos. Pero, si Dios os favorece, seguro que dice, como si no existiera una amistad entre vosotros y él: ¡Ojalá que hubiera estado con ellos, habría obtenido un éxito grandioso!

¡Qué quienes cambian la vida de acá por la otra combatan por Dios! A quién combatiendo por Dios, sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnífica recompensa

¿Por qué no queréis combatir por Dios y por los oprimidos- hombres, mujeres y niños-, que dicen: ¡Señor! ¡Sácanos de esta ciudad, de impíos habitantes! ¡Danos un amigo designado por Ti!!Danos un auxiliar designado por Ti! “Quienes creen, combaten por Dios. Quienes no creen combaten por los taguts (En árabe taguts significa todo lo que es adorado fuera de Dios y aleja y aleja de Él: demonios, ídolos, magos, adivinos…) “Combatid, pues, contra los amigos del demonio. ¡Las artimañas del demonio son débiles!

En definitiva, lo que plantea la guerra santa es que los creyentes los que combaten por Alá deben saber que todo viene por Él. Que la vida de aquí no tiene importancia, pero si el creyente muere combatiendo por Alá éste lo re-compensará con una vida magnífica en el cielo.

Más o menos lo que prometen todas las religiones es que aceptan que la vida acá, en la Tierra, es pasajera que todos moriremos y que iremos al cielo algo que unos creen y otros, los ateos, niegan que exista otra vida en el más allá.

Para la religión musulmana, creada por Mahoma, como la cristiana y todas en general, la vida en el otro mundo es mejor que la de la Tierra, aunque los testigos de Jehová opinan todo lo contrario, que todos moriremos en la Tierra, que unos pocos irán al cielo, y que después resucitaremos y tendremos vida eterna en la Tierra. Lo que no sabemos cómo va a ser esta vida, pues si hay que trabajar para comer volvemos a lo mismo. Si no hay que hacer nada, nos moriríamos de aburrimiento.

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