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domingo, enero 29, 2023
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María Callas, la vehemente Prima Dona del siglo XX

Nació el 2 de diciembre de 1923 en Nueva York. La joven Maria Anna Sofia Cecilia Kalogeropoulos tuvo que recorrer un difícil camino hasta convertirse en la diva María Callas, una de las voces con más personalidad en la historia de la ópera. En compañía de Aristóteles Onassis, María Callas se convirtió en el centro de un mundo de lujo en el que se la admiraba con devoción

Hija de emigrantes griegos. Sus padres vieron en el enorme talento musical de su hija, entonces feúcha, miope y más bien gordita, la puerta de escape a la miseria familiar. Debido a las dificultades económicas de su familia, regresó a Grecia con su madre en 1937.

María poseía una voz con una amplitud de registros excepcional. Sin embargo, era una joven extremadamente insegura, en parte por su aspecto físico y, sobre todo, por la dura disciplina a la que la sometía su ambiciosa madre.

Ello no impidió que la soprano española Elvira de Hidalgo viera en ella un gran potencial. Gracias a su apoyo entró en el Conservatorio de Atenas. Debutó en una Grecia desgarrada por la ocupación alemana y no fueron pocas sus actuaciones para los soldados, cuestión que le valió la acusación de colaboracionista.

María Callas hizo su debut en 1941 con la obra Tosca de Giacomo Puccini en la Ópera de Atenas. Estuvo cantando en Atenas durante varios años antes de realizar su debut italiano con La Gioconda de Ponchielli en Verona en el año 1947. Esta producción de La Gioconda estuvo dirigida por Tullio Serafin, quien se convirtió en su mentor musical. De adolescente rozó los 100 Kg. y se transformó en una mujer de 69 y ciento setenta centímetros de altura cuando su voz y su genio alcanzaban su cima. Los inicios de su carrera fueron interpretando papeles dramáticos como Isolda, Brünnhilde y Aida.

Papeles como los de Floria, en Tosca, de Puccini, o Norma, en la ópera homónima de Bellini, eran sus favoritos. Le permitían hacer brillar su voz y desplegar sus notables aptitudes dramáticas.

Con ellos, inauguró una forma de interpretar tempe-ramental nunca antes vista en un escenario operístico.

Los contratos millonarios se sucedieron, así como sus famosos desplantes; el más sonado, en Roma ante el presidente de la República.

En 1949 se casó con el industrial italiano Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella, que se iba a transformar no sólo en su esposo sino también en su manager, protector, financista y dietólogo. Estuvieron diez años casados. En la cúspide de su carrera, Callas y su esposo fueron invitados a un crucero por el Medite-rráneo a bordo del Christina, el yate donde el multimi-llonario armador y naviero griego Aristóteles Onassis daba cita a reconocidas personalidades.

Eso fue en 1959. Entre los huéspedes también se hallaban el estadista británico Winston Churchill y su esposa. La soprano y el magnate, los dos griegos más famosos del mundo, iniciaron una relación que desembocaría en escándalo y les llevaría a separarse de sus respectivas parejas. María Callas abandona a su marido Giovanni Meneghini, por él.

En compañía de Onassis, Callas se convirtió en el centro de un mundo de lujo en el que se la admiraba con devoción. Asidua a las fiestas de la jet set, vestía como una modelo y su tendencia a anular sus compromisos fue en aumento.

Los desplantes y su ajetreada vida social no fueron óbice para que su carrera alcanzara pleno apogeo y realizara grabaciones de algunas de sus arias más aclamadas.

Desde 1949, animada por Tullio Serafín se decantó por la coloratura de papeles que pertenecen al bel canto; entre ellos Norma, Lucia di Lammermoor y varios personajes de óperas italianas olvidadas durante mucho tiempo. Reconocida especialmente por el color especial de su voz, su presencia dramática y su musicalidad, cantó sobre todo en La Scala de Milán, en las óperas de Roma y París, el Covent Garden de Londres y el Metropolitan Opera House de Nueva York.

En 1965, realizó su última representación operística con Tosca en el Covent Garden de Londres. En ese momento tenía 41 años. Tres años más tarde, Aristóteles Onassis dejó a Maria Callas por Jacqueline Kennedy. Durante la última década de su vida, vivió prácticamente recluida en París.

Realizó pequeñas apariciones con di Stefano e impartió una serie de clases maestras en el Juilliard School de Nueva York entre los años 1971 y 1972.

Una anécdota cuenta que siendo miope no to-leraba las lentillas y tampoco quería salir a escena con gafas, así que actuó sin ver muy bien lo que le rodeaba. Se cuenta que una noche de invierno, en la Scala de Milán, cantó ante un público integrado mayoritariamente por partidarios acérrimos de la otra gran soprano del momento, Renata Tebaldi. Al término de la representación, estos bombardearon el escenario con toda suerte de frutas y hortalizas. La Callas no se dio cuenta de nada… hasta que se agachó para recoger un manojo de puerros. Sonriente, digna, sin perder su sangre fría, la diva se irguió con su ramo hortofrutícola entre los brazos, pidió silencio a la sala, y preguntó: “¿Dónde consiguen unas verduras tan frescas en invierno?”.

En su libro María Callas, la tigresa y el cordero, David Bret sostiene que la diva tenía la obsesión de seducir y “rescatar” homosexuales. Así intentó en vano enamorar a Leonard Bernstein, Luchino Visconti, Franco Zeffirelly y Pier Paolo Pasolini, convencida, según Bret, de que ningún homosexual podría resistir su amor.Cada vez más adicta a los tranquilizantes, dejó de aparecer en público tras la muerte de Onassis en 1975 y se recluyó en su apartamento de París. Allí falleció a los 54 años.

María Callas falleció el 16 de septiembre de 1977 de un ataque al corazón en su piso parisino. En 1979, sus cenizas fueron esparcidas en el mar Egeo.

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