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jueves, octubre 6, 2022
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Los misterios de los Estados Unidos

Por Alejandro Sotomayor

Cuando arribé a Houston conseguí un trabajito donde ganaba tres dólares por cada hora de trabajo y trabajando los sábados lograba ganar 150 dólares a la semana. Mantener una familia con ese dinero era casi imposible. Eso me obligaba a que los domingos me fuera con la familia a un parque o un lugar apartado para que mis hijos jugaran. Llevábamos la comida en una cesta, generalmente un emparedado de jamón y queso.

Vivíamos en un apartamento que se llevaba la mitad de mi sueldo. Los vecinos no me molestaban mucho, pero el dueño del inmueble sí. Cada cierto tiempo entraba en mi apartamento como Pedro por su casa, so pretexto de que los niños podían dañar las paredes o la cocina etc. Lo que a mí me parecía una falta de respeto. Acordamos comprar una casa. Pero nada de eso es fácil. Lo primero que decidí era trabajar lo más posible. Conseguí un trabajo en la Dresser, en un departamento dedicado a fabricar metros contadores para gas. Mi trabajo consistía en limpiar el piso, pero con un salario de 5 dólares la hora. El trabajo anterior era más elegante, de oficina. A las pocas semanas me saqué la lotería: anunciaron que tendríamos que trabajar los sábados…y algunos domingos también. Además trabajar 10 horas diarias. Un joven estadounidense, tendría unos 25 años, encargado de entregar las herramientas y que estas volvieran a su lugar, renunció pues no estaba dispuesto a trabajar los sábados y menos los domingos. Éramos pocos los hispanos, cinco o seis de los 90 que había en el mismo edificio.

Y yo me había hecho muy amigo de dos jóvenes mexicanos, Cortina y De Luna, que era uno de los que guiaban a los trabajadores, era un “leadman”, aunque había otro de mayor rango, el “forman”, tipo muy desagradable que trataba a todo el mundo con cierto despotismo, pero que en ese momento necesitaba un hombre para sustituir al encargado de las herramientas. Mi amigo De Luna me recomendó para el puesto.

El forman me llevó a su oficina y mirándome muy serio me dijo: Este es un trabajo muy responsable, trabajar tiempo extra es obligatorio, necesito que usted trabaje 10 ó 12 horas todos los días, sábados y algunos domingos también. De cinco dólares la hora salté a 9.50, más todos los años daban pequeños aumentos para compensar el costo de la vida. Mi salario de los 150 que ganaba antes llegó a un promedio de 700 y hasta 800 a la semana que en 1979 era un dinero que muy pocos ganaban. Reuní 5000, más un pequeño préstamo que me hizo un amigo pude comprar la casa en la que vivo hace treinta años. Había logrado el anhelado sueño americano: la casa propia. Y ya que hablamos del famoso sueño americano de la casa propia, hay unos pequeños detalles, que se olvidan con la emoción de estrenar casa: uno nunca llega a ser dueño de la casa. Si no paga la cuota del Civic Club éste se la puede quitar. El Tesoro de los Estados Unidos (IRS) Servicio de Rentas Internas, también puede, si una persona debe o no ha pagado sus impuestos, apoderarse de su casa. Y lo más increíble, si una persona debe, digamos, 10,0000, dólares de los taxes, la sacan a remate y al primero que llegue y pague los 10.000 dólares le venden la casa, aunque el propietario haya pagado cien mil más. Para colmo, cada año hay que pagar impuestos por el valor de la casa. Y cada años la casa vale menos, pero, y este pero es muy importante, el terreno vale más. Y la pregunta es esta: ¿deben cobrarle taxes por miles de pesos a un matrimonio ya retirado?

Si una persona se retira a los sesenta y tantos años y es saludable puede disfrutar de un retiro bien ganado. Generalmente viven del seguro social y alguna otra cosita, pero no viven en la abundancia. ¿No sería razonable que a las personas mayores de setenta años no les cobren taxes por el valor de su casa? Y que la casa, el sueño americano, nadie se la pueda quitar.

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