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miércoles, febrero 21, 2024
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La crisis eterna que asedia a Pedro Castillo

El 19 de julio de 2021, el tribunal electoral peruano proclamó ganador de la segunda vuelta presidencial al maestro de escuela rural que se impuso por sorpresa, y por apenas 44.000 votos, a su rival en las urnas, la derechista Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori

Una campaña hiperpolarizada, un triunfo por la mínima y una ofensiva legal que alegaba un fraude electoral presagiaban una estabilidad endeble para Pedro Castillo, quien hace un año fue proclamado presidente electo de Perú y, desde entonces, ya suma cuatro gabinetes ministeriales, dos intentos de destitución parlamentaria y dos investigaciones en su contra.

El 19 de julio de 2021, el tribunal electoral peruano proclamó ganador de la segunda vuelta presidencial al maestro de escuela rural que se impuso por sorpresa, y por apenas 44.000 votos, a su rival en las urnas, la derechista Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000).

Lo hizo en una solemne ceremonia virtual, celebrada cinco semanas después del escrutinio oficial, el lapso más largo de los últimos 40 años, dilatado por una andanada de impugnaciones y maniobras legales del fujimorismo, que denunció sin pruebas fehacientes un supuesto fraude para evitar su tercera derrota consecutiva en unos comicios presidenciales.

La estrategia, que emulaba la vía del expresidente de Estados Unidos Donald Trump, fracasó en la práctica, pero logró que su tesis calara en un sector de la opinión pública que salió a las calles a exigir nuevas elecciones.

La llegada al sillón presidencial de Castillo, un hombre de origen campesino y ajeno a la política tradicional limeña, desafiaba el “status quo” político y cuestionaba al poder establecido al reivindicar a los sectores históricamente relegados de la sociedad peruana.

A Castillo, las crisis lo asedian desde incluso antes de asumir la Presidencia el 28 de julio del año pasado. Desde entonces, los temores a una toma de poder comunista y autoritaria se desvanecieron. Pero, en cambio, sí se concretaron las sospechas sobre su incapacidad de encauzar al país en la senda de la gobernabilidad.

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