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domingo, mayo 26, 2024
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La calidad humana que necesita un presidente

Alguna vez se ha preguntado por qué alguien quisiera ser presidente de México? ¿Escuchamos a algún niño decir “cuando sea grande voy a ser presidente”? Los niños del país desean ser doctores, ingenieros, deportistas, actores, diseñadores, abogados, bomberos, policías y, a últimas fechas, influencers. Pero es prácticamente imposible encontrar que alguien quiera ser el futuro presidente.

La Constitución especifica que, para aspirar a ser presidente, sólo se necesita tener más de 35 años, ser mexicano de nacimiento, con uno de los padres también mexicano, haber residido 20 años en el país y no ser miembro activo del Ejército o del estado eclesiástico. Eso es todo. No se necesita un título universitario como el que piden a los ministros de la SCJN o siquiera haber terminado la primaria; probablemente sea la posición laboral con menos requerimientos del país.

Idealmente, el presidente sería la persona mejor preparada, con un mejor plan de trabajo para resolver los pro-blemas del país, continuando con los proyectos y políticas exitosos, procurando dejar a México mucho mejor de lo que lo encontró. Una persona que está para servir a todos los mexicanos sin excepción y sin división, poniendo los intereses de los ciudadanos antes que los suyos y los de sus allegados. Alguien que gobierne para todos y comprenda no sólo las necesidades presentes, sino también sembrar a futuro para sus sucesores y las siguientes generaciones. Un presidente empático con las tragedias y sufrimientos, que sea, el faro y guía en los momentos oscuros y conduzca al país a donde su visión de crecimiento, unión y desarrollo beneficie a todos los mexicanos. Para lograr todo esto, más allá de títulos, reconocimientos o poder, se necesita actuar sin esperar nada a cambio, sabiendo que no se podrá dar gusto a todos y que muchas veces es necesario tomar decisiones impopulares; hacer lo correcto cuando la mayoría se opone. Es decir, tener calidad humana.

Están tan mal las cosas en el país que citaremos a uno de los peores presidentes que ha tenido México, Enrique Peña Nieto: “No creo que ningún presidente se levante pensando cómo joder al país”. Por más narcisista, egocéntrico, ladrón, incompetente y cualquier otro adjetivo que se haya utilizado para calificar a nuestros líderes en los siglos XX y XXI, no imagino que alguno de ellos haya querido denostar o perjudicar al país y a gran parte de los mexicanos, con las excepciones de sus rivales y enemigos. Hasta ahora.

Cuando fue candidato, AMLO era un implacable crítico y adversario de los presidentes y políticos que ostentaron el poder, recorrió el país y escuchó a los ciudadanos aun después de perder dos elecciones presidenciales. Aprendió qué era lo que demandaban en cada rincón del país y utilizó ese conocimiento para decirle a muchos mexicanos lo que querían oír, dándoles esperanzas de, por fin, ser escuchados. Todo esto cambió al llegar a la Presidencia: al que muchos consideraron un mesías liberador se convirtió en un Presidente que no acepta críticas, disidencias, deslealtades, ataques o cuestionamientos, alternando sus reacciones entre convertirse en víctima de las circunstancias, de neoliberales, conservadores y la “mafia del poder” o convertirse en un desalmado ejecutor de inocentes en la plaza pública que tiene cada mañana, con su séquito de bufones, lambiscones y rémoras, que lo ensalzan para gozar de sus favores.

¿Quiénes son esos desalmados y poderosos “enemigos” que han sido expuestos y ejecutados en el cadalso diario de Palacio Nacional? Los padres de los niños con cáncer que se quedaron sin tratamiento por la incompetencia del sistema de salud, las madres buscadores que pasan años buscando en fosas clandestinas a sus hijos, arriesgando sus vidas, los damnificados por los desastres naturales, los ecologistas y ambientalistas que se oponen a la destrucción de la selva maya, los periodistas que osan en estar en desacuerdo, las víctimas —de extorsiones y del peor manejo de la pandemia en el mundo—, quienes reportan fiascos como el AIFA, la refinería que aún no refina, del Insabi y del IMSS-Bienestar o los actos de corrupción de funcionarios y familiares del Presidente. El conductor de las mañaneras es muy valiente cuando enfrenta a los desvalidos, pero se dobla ante los poderosos en un abrir y cerrar de ojos.

Su candidata se muestra aún más distante, fría e indolente, confirmando que la continuidad que pregona también incluye seguir con la falta de calidad humana de su principal promotor. ¿Esto es lo que queremos para México?

excelsior.com.mx/opinion

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