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lunes, septiembre 26, 2022
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José Matías Delgado: presbítero y doctor salvadoreño que participó en la Independencia

Padre de la patria, héroe y prócer nacional de la independencia de Centro América

José Matías Delgado y León nació en San Salvador, el 24 de Febrero de 1767, hijo de don Pedro Delgado (de origen panameño) y doña María Ana de León (de origen guatemalteco). Hermano de los tam-bién independentistas, Juan y Miguel. Su casa natal to-davía existe y se encuentra ubicada en la ciudad de San Salvador. Ubicada entre la cuarta calle de Oriente y la octava avenida, casa número 301.

En los Seminario Tridentino, Seminario de la Ascensión de Nuestra Señora cursó la carrera sacerdotal y dio curso a los trámites para convertirse en abogado de la Real Audiencia.

Al regresar a San Salvador, a partir del 12 de Agosto de 1797 inició sus funciones como cura rector, vicario provincial, juez eclesiástico y último comisario local del Tribunal del Santo Oficio. Desarrolló una intensa labor pastoral y en 1808 inició los trabajos de reconstrucción de la antigua Iglesia Parroquial de San Salvador (hoy Iglesia del Rosario), los cuales fueron concluidos una década más tarde.

Dirigió junto con su sobrino Manuel José Arce y Fagoaga y otros patriotas criollos el movimiento insurreccional del 5 de Noviembre de 1811, fecha en que la leyenda ha perpetuado que fue él el que tocó, a rebato, las campanas de la Iglesia de La Merced.

En 1813 fue electo diputado provincial con sede en la ciudad de Nueva Guatemala, donde se desempeñaba como rector del Colegio Seminario Tridentino y se encontraba retenido por orden arzobispal, por lo que no tuvo par-ticipación en el intento emancipador de Enero de 1814.

Electo de nuevo como diputado provincial en 1820, el 15 de Septiembre de 1821 fue uno de los firmantes del Acta de Independencia. El 28 de Noviembre de 1821 se convirtió en jefe político civil de la provincia de San Salvador. Desde este cargo, el 11 de Enero de 1822 encabezó la protesta de la ciudad contra la anexión al imperio mexicano del brigadier Agustín de Iturbide y Aramburu.

Como respuesta, San Salvador fue atacada por tropas de San Miguel y de México, entre Abril de 1822 y el 9 de Febrero de 1823.

Estas acciones pusieron fin al gobierno local encabezado por Delgado, quien había hecho importantes movimientos diplomáticos internacionales durante esa gesta de defensa.

Dos de los más importantes fueron solicitar una tregua al brigadier Vicente Filisola y enviar una delegación hacia Washington DC, con el fin de solicitar la incorporación de la provincia a los Estados Unidos de Norte América.

Caído el Imperio Mexicano, el presbítero y doctor Delgado fue electo como uno de los representantes nacionales ante el primer Congreso Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, cónclave que se reunió en la ciudad de Guatemala a partir del 24 de Junio de 1823, bajo la presidencia del prócer y sacerdote salvadoreño.

Reunió los fondos populares con los que se compró en Guatemala la primera imprenta oficial salvadoreña, en la cual se imprimió el “Semanario político-mercantil de San Salvador”, primigenio periódico salvadoreño, aparecido el 31 de Julio de 1824.

Testigos que lo

conocieron lo describen

Testimonios de sus contemporáneos lo retratan como una persona de carácter inquieto y alegre, poseedor de fácil palabra y fogosa oratoria, acreditado patriotismo, austero en sus costumbres, astuto, ambicioso, impávido, firme y justo en sus decisiones o resoluciones, muy inteligente.

Gracias a las cartas, manifiestos, arengas, sermones y otros documentos políticos que de él se conservan, es posible concluir que su estilo, aunque no era pulido y revisado –quizá por las circunstancias-, sí era sobrio, claro y sencillo.

Enredado en una acre y feroz polémica con el Arzobispo de Guatemala y las autoridades vaticanas, a causa de haber sido nombrado Obispo de San Salvador por las autoridades locales civiles (el 5 de Mayo de 1824), autoridades eclesiásticas de Guatemala declararon nulo su nombramiento de Vicario General del Estado, el cual tenía 3 años de haberse realizado, advirtiéndole además del procedimiento de excomunión por los tribunales del vaticano y oficinas papales, el prócer vio agravarse su salud hasta que le sobrevino la muerte, en San Salvador, el 12 de Noviembre de 1832. Al día siguiente, su sepelio se constituyó en una verdadera manifestación popular de dolor, en la que las flores blancas y los masivos llantos acompañaron a su níveo féretro desde la Plaza Mayor (ahora Plaza Libertad) hasta su sepultura, abierta al pie del altar mayor de la Iglesia Parroquial capitalina. Como dato curioso, una lluvia de estrellas fugaces cubrió el cielo esa misma noche.

En enero de 1833 la Asamblea Nacional le otorga el título de Benemérito de la Patria; Y como orden suprema se insta a hacer un retrato del prócer pintado al óleo y que fuese colocado en el salón de sesiones de dicha Asamblea.

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