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miércoles, febrero 21, 2024
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Henry Kissinger muere a los 100 años

Fue el secretario de Estado más poderoso de la posguerra, célebre y vilipendiado a la vez.

Su complicado legado aún resuena en las relaciones con China, Rusia y Medio Oriente.

Alma y cerebro clave de la política exterior de Estados Unidos durante la Guerra Fría

Durante más de 50 años de convulsiones políticas, sociales y militares, fue el artífice de las relaciones internacionales de la Casa Blanca, a las que les imprimió su sello.

Alternó el rol de negociador fino y moderado con el de ‘matón de barrio’, como lo calificaron sus críticos; si buscó, o intentó hallar, la paz en Medio Oriente y en Vietnam, si es verdad que en los años 70 abrió las relaciones americanas con China y de alguna forma puso a ese gigante en el mapa del mundo para contrarrestar la creciente influencia soviética; si en el ya avanzado otoño de su vida hizo exactamente lo contrario, y si también es verdad que se reveló como un estratega que impuso su sello a más de medio siglo de convulsiones políticas, sociales y militares, también es cierto que, en cambio y con un inexplicable desprecio, alentó, avaló, justificó y hasta aplaudió las más violentas y sangrientas dictaduras en América Latina, un continente que puso y dejó en manos de la CIA en aquellos años en los que se dedicó a Vietnam, a China y a los dos Orientes, el cercano y el lejano.

Su muerte, seis meses después de haber complido 100 años, fue anunciada la noche del miércoles 29 de noviembre por su firma consultora en un escueto comunicado sin mayores detalles: “El Dr. Henry Kissinger, un respetado académico y estadista estadounidense, murió hoy en su residencia en Connecticut”.

Fue hijo dilecto de la familia Rockefeller, que fue la que costeó su carrera universitaria en Harvard, y a la que supo rendir tributo: fue bajo el influjo de Kissinger que Nelson Rockefeller llegó a ser vicepresidente de los Estados Unidos entre 1974 y 1977. Como secretario de Estado, hasta su llegada a ese cargo, fue asesor de Seguridad Nacional del gobierno de Richard Nixon, concibió un mundo equilibrado, pero con Estados Unidos como potencia regente de ese equilibrio; a su modo, ayudó a hacer un poco menos peligrosos y duros los ya de por sí duros años de la Guerra Fría y lidió con la extraña psicología de Richard Nixon, que lo tuvo como mano derecha en los tormentosos años de sus dos presidencias, cortadas al sesgo por el Caso Watergate. Después de dejar la Casa Blanca fue hombre de consulta y de decisión: varios de los presidentes que siguieron a Nixon, en especial los dos Bush, padre e hijo, lo buscaron como guía y hasta como consuelo, Bush hijo, cuando Al Qaeda abatió las Torres Gemelas de New York, el 11 de septiembre de 2001.

Fue el poder detrás del poder, un estadista frío y calculador, de profundos odios personales como el que expresó siempre hacia el socialista chileno Salvador Allende, al que contribuyó a derrocar y que mantuvo aún después de la muerte de Allende en el Palacio de la Moneda en 1973.

Tal fue su éxito personal en solventar aquel sangriento golpe que abrió las puertas en Chile a la dictadura de Augusto Pinochet, que a los pocos días de la caída de Allende, Nixon lo hizo secretario de Estado. Pasarán años antes que el tiempo y sus matices borren la huella profunda, y quién sabe si no indeleble, que Kissinger dejó en un país que no lo vio nacer, pero que sin embargo lo hizo uno de sus ciudadanos y políticos predilectos. Henry Kissinger nació en Alemania en 1923 de padres judíos. Su familia huyó del nazismo y emigró a Estados Unidos a finales de los años treinta.

Todo lo hizo Henry Kissinger con el aura clandestina de un espía, la discreción reservada de un sacerdote y el sigilo sosegado de un diplomático ávido y calculador. Su centenario, los cumplió el pasado 27 de mayo, estuvo coronado por un retiro discreto. A su cuenta y riesgo, intentó aconsejar, si eso era posible, a Donald Trump. Como un prestidigitador, Kissinger dio vuelta a su galera que había favorecido a China en los años 70: si entonces había recurrido a Mao Tse Tung para alterar el potencial de la URSS en manos de Leonid Brezhnev, en los años de Trump aconsejó acercarse a la Rusia de Vladimir Putin para contrarrestar el creciente poderío económico del gigante chino.

Nació como Heinz Alfred Kissinger en Fürth, Baviera, Alemania, el 27 de mayo de 1923, en una familia de judíos alemanes y en plena descomposición de la experiencia socialista de la República de Weimar, con bandas de extrema derecha y de extrema izquierda que luchaban en las calles, con una abultada deuda externa fruto del Tratado de Versalles que obligaba a Alemania a pagar los gastos de la Primera Guerra Mundial y a los que el país hizo frente con una emisión descontrolada de dinero y con una hiperinflación galopante que derrumbó la economía del país. A sus quince años, ya con Adolfo Hitler encaramado en el poder como canciller del Reich, con el nazismo en pleno apogeo, con la persecución a los judíos amparada por las leyes raciales y con las sombras de otra guerra en el horizonte europeo, los Kissinger se mudaron a Nueva York. El joven Heinz estudió en el City College y se metió de lleno en Harvard para estudiar Ciencias Políticas. Pero en 1943, a sus veinte años, fue reclutado por el Ejército que iba a aprovechar su alemán fluido en la larga batalla por la reconquista de Europa. Además de convertirlo en ciudadano estadounidense, el ejército lo hizo sargento y lo incorporó como uno de sus agentes en los servicios de inteligencia militar.

Las conversaciones de paz sobre Vietnam, desarrolladas en París, adonde Kissinger viajó muchas veces en secreto, llegaron a acordar un cese del fuego, que sería el primero de los pasos hacia una posterior e inmediata retirada de las tropas americanas de Vietnam. Por ese logro, Kissinger y su par vietnamita Le Duc Tho ganaron el Nobel de la Paz en el convulsionado 1973.

Los éxitos diplomáticos de Kissinger en Oriente y, de alguna forma, también en Europa, no tuvieron correlato con su política para América Latina.

En 1970, según revelaron las conversaciones telefónicas desclasificadas entre Nixon y Kissinger, por entonces secretario de Seguridad, ambos conspiraron para impedir la asunción del socialista Salvador Allende, electo ese año en Chile, y para derrocarlo tres años después.

Kissinger también diseñó la política para distender la Guerra Fría con la Unión Soviética, y desempeñó un papel fundamental en la caída del gran muro diplomático que rodeó a la China comunista durante dos décadas y media. A través de su diplomacia itinerante, logró acuerdos entre Israel, Egipto y Siria tras el sorpresivo lanzamiento por parte de los países árabes de la Guerra de Yom Kippur en 1973.

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