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miércoles, noviembre 30, 2022
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Escenario político en Estados Unidos exigirá pragmatismo de parte del Triángulo Norte

Así pues, para todos aquellos gobiernos, aliados, socios o contrincantes geopolíticos y económicos de los Estados Unidos de América, desechada la posibilidad de un ascenso republicano a mitad del periodo demócrata y exorcizada la narrativa trumpista, ha llegado la hora del pragmatismo

Ese pragmatismo es necesario particularmente en países que están relacionados activa y estrechamente con la economía estadounidense como El Salvador. Cualquier creencia de que el gobierno norteamericano cambiaría sus prioridades en su relación con Centroamérica, que un cálculo diplomático menoscabaría la preocupación por lo que pasa en el istmo en términos de autoritarismo, corrupción y crimen organizado, debe ser desechada.

A falta de los datos oficiales pero considerando las proyecciones unánimes de las fiables Associated Press, CNN, ABC, CBS, NBC e incluso Fox, el partido Demócrata y el presidente estadounidense, Joe Biden, mantienen como mínimo la aritmética senatorial que tenían a su favor antes de las elecciones legislativas del martes.

Por supuesto, es un espaldarazo a la administración Biden, que alcanzó su medio término golpeado por la frustración de algunas de sus promesas legislativas, desde gratuidad de la educación preescolar hasta reducción del costo de los medicamentos con prescripción, el naufragio de su política migratoria y las cuentas alegres sobre el fin de la pandemia que demostraron ser un pésimo cálculo.

Tampoco son un cheque en blanco para los demócratas, que se han quedado al menos 10 votos debajo de lo que necesitan para impulsar los cambios legislativos que Biden necesita para recuperar algo de crédito de sus electores; es más, las proyecciones apuntan a una victoria republicana en la Cámara de Representantes.

El balance en todo caso es positivo para la administración demócrata, el que no hubiera voto de castigo a Biden como deseaba y profetizaba el ala más conservadora del republicanismo, proclive a Donald Trump y a su agenda, permitirá al presidente estadounidense gozar de la fluidez ideal para decisivos nombramientos del gabinete y algunos pendientes del cuerpo diplomático, El Salvador incluido.

Así pues, para todos aquellos gobiernos, aliados, socios o contrincantes geopolíticos y económicos de los Estados Unidos de América, desechada la posibilidad de un ascenso republicano a mitad del periodo demócrata y exorcizada la narrativa trumpista, ha llegado la hora del pragmatismo.

Es que ningún análisis puede contemplar un cambio en los ejes de acción del gobierno norteamericano. Todo lo contrario, las ideas y el discurso demócrata han percutido tanto en un importante porcentaje de esa nación como para haberle valido este caudal electoral pese a las preocupaciones de recesión y a los signos de debilidad diplomática exhibidos en el bienio. Y son ideas planteadas en oposición a lo que caracterizó el periodo anterior: estrés de la democracia, deriva autoritaria, división nacional y crispación en sustitución del diálogo.

La convicción del oficialismo estadounidense alrededor de esa matriz ideológica es acaso más fuerte ahora que hace dos años, cuando Biden infligió una sorpresiva derrota a Trump. De ahí que el anuncio del presidente de que evalúa postularse para 2024 no ha sonado tan errático pese a que ya es el huésped más longevo en la historia de la Casa Blanca. De fondo yace la consideración de que el choque contra el ala más recalcitrante del republicanismo se extenderá el resto de esta década.

Ese pragmatismo es necesario particularmente en países que están relacionados activa y estrechamente con la economía estadounidense como El Salvador. Cualquier creencia de que el gobierno norteamericano cambiaría sus prioridades en su relación con Centroamérica, que un cálculo diplomático menoscabaría la preocupación por lo que pasa en el istmo en términos de autoritarismo, corrupción y crimen organizado, debe ser desechada.

La democracia más importante de América combatirá cualquier acción que aliente el ciclo de migración ilegal hacia el norte continental; que eso pueda tensar sus relaciones con alguno de los gobiernos del área no importó en el último año y tampoco será un valladar durante la segunda mitad de esta administración demócrata. Si se quiere contar con ese socio, con su apoyo militar, su venia en los organismos multilaterales y se le tiene lógico resquemor a su veto en el escenario diplomático, entonces se requiere ser práctico, ver el mapa de un modo más sensato y sacrificar apetitos a cambio de oportunidades.

Prensagráfica.com

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