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martes, junio 18, 2024
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EL SANGRIENTO COMBATE DE CALIMETE

Por Emilio Martínez Paula

Después de varios intentos por detener a la Columna Invasora, Martínez Campos decide trasladar su cuartel general a La Habana, la capital de la isla. Fracaso increíble pues el general español tenía más de treinta mil soldados, directamente a sus órdenes en la provincia de Matanzas.

Mientras el mando español se dispone a detener a los mambises en la provincia de La Habana, Máximo Gómez inicia una falsa retirada desde Matanzas hasta el límite con Las Villas.

Máximo Gómez, en su aparente retirada buscaba era poner en lugar seguros a los heridos en combate, que eran una impedimenta para el Ejército Invasor, y al mismo tiempo, aliviar la presión de las tropas española sobre los insu-rrectos, ya que, mal informado, Martínez Campos envió trenes tras trenes con tropas españolas para destruir a los insurrectos que “derrotados” se batían en retirada, basándose en informes nada confiables que había recibido. Ahora es cuando los oficiales del Ejército Mambí entienden las órdenes estrictas del generalísimo impidiendo a toda costa que se destruyan las líneas férreas que ahora usa el ejército enemigo.

Libre de heridos y otras impedimentas y sin el acoso de las tropas españolas, los patriotas siguieron decididos a efectuar la invasión de la zona oriental de Cuba. El Ejército Invasor sigue adelante. Llegan a Calimete, donde inesperadamente encuentran una columna española de unos 850 hombres bien armados, que los atacan con gran valor.

El encuentro dura cerca de dos horas, y al fin el enemigo cede ante la superioridad numérica de los cubanos, Las bajas son cuantiosas por ambos mandos. Maceo prosigue camino, aunque un tanto apesadumbrado por el sangriento encontronazo. Sin embargo, la lucha entablada en Calimete deja el camino franco para que los mambises penetren en Occidente.

Gómez y Maceo siguieron rumbo a La Habana. Dejaban atrás a los más fuertes contingentes españoles.

El primer día de año nuevo de 1896 los mambises instalan sus campamentos muy cerca de Nueva Paz, en la provincia habanera.

La presencia de las fuerzas cubanas en la provincia de La Habana sorprendió a todos. Los militares españoles fueron los primeros. Habían subestimado la capacidad y la audacia del ejército mambí, que se apoderó de Guara, Melena del Sur y Güira de Melena, donde tuvieron que enfrentar alguna resistencia. Cayeron luego Alquízar, Ceiba del Agua y Vereda Nueva. Desde aquí, Gómez y Maceo cambiaron la estrategia y cambiaron la ruta, para dar la impresión que atacarían la ciudad de La Habana y se concentraron en Hoyo Colorado. Así mismo las avanzadas mambisas ocuparon Punta Brava y amenazaron a Marianao.

Las autoridades españolas se dejaron llevar por la desesperación y se concentraron en organizar la defensa de la capital sin analizar que, pese a la marcha incontenible, los patriotas no contaban ni con la tropa necesaria ni los armamentos para poder tomar La Habana.

En Hoyo Colorado la columna invasora compuesta por unos 4.000 hombres se divide en dos. Unos 1500 jinetes al mando de Antonio Maceo se disponen a invadir a Pinar del Río, mientras que el resto, con una impedimenta de cientos de hombres desarmados, al mando de Máximo Gómez se quedaron, increíblemente, en la Provincia de La Habana.

Maceo entró en Pinar del Río, y tomó Cabañas, tras breve lucha, y se apoderó de más de doscientos fusiles. Después logró la rendición de las plazas de San Diego de Núñez, Bahía Honda, y Las Pozas. En Pilotos montó su campamento. Siguió la marcha y en Las Taironas se tropezó con una fuerte columna española, que antes de retirarse causó más de sesenta bajas a la caballería cubana.

La Columna Invasora siguió su marcha entrando en Guane. Y, finalmente, el 22 de enero llegaron a Mantua, el pueblo más occidental de Cuba, tres meses después de haber iniciado la marcha desde Baraguá. Una verdadera hazaña militar que aún se estudia en la más importante Academia de los principales ejércitos del mundo.

La Invasión había logrado todos sus objetivos. Tanto en lo militar, como en lo político y económico. En lo militar la campaña lograba extender la guerra libertadora de una punta a la otra de la isla, pese a ser Matanzas, La Habana y Pinar del Río las regiones más cuidadas por el ejército español, que poseía vías de ferrocarriles para moverse rápidamente de un lugar a otro, fuertes columnas bien armadas, redes telegráficas y telefónicas que permitían rápida movilización de tropas.

La Invasión llegó hasta el pueblo más occidental de la isla. Puso sobre las armas miles de pinareños y demostró que a los que la prensa y los partes oficiales del gobierno español llamaban “cabecillas” o titulados generales tenían una capacidad fuera de lo común y que tanto Máximo Gómez como Maceo eran generales y guerreros capaces de ganar la guerra, que la tenían ganada. Cuando Estados Unidos rompió hostilidades con España y los cubanos ocupaban las dos terceras partes del territorio cubano. ¿No es una verdadera hazaña que un pequeño ejército, mal alimentado, mal armado y que no pasaba de 4.000 hombres batiera con pleno éxito a tropas que sumaban más de 30.000 hombres, bien comidos y armados de los mejores rifles de la época?

A esto podemos agregar que el Ejército Libertador pudo recorrer miles de quilómetros, sin abastecimientos ni de alimentos ni de armas ni de municiones, cruzando ríos y montañas, en apenas noventa y dos días, acosados por unos 200.000 solados al mando de 42 generales.

Terminada la campaña de la Invasión, logrados los objetivos Maceo y Gómez se reúnen en la provincia habanera, donde el generalísimo se sostenía con increíble habilidad, dando marchas y contramarchas para despistar a las tropas enemigas.

Los dos jefes, Gómez y Maceo, lograron saber que Martínez Campos había renunciado a la capitanía general, al no poder detener a la Columna Invasora.

Ya en la provincia habanera, Maceo toma el pueblo de Jaruco.

En febrero de 1896 llega el inescrupuloso Valeriano Weyley, de ascendencia alemana, y tan corto de estatura que no llegaba los cinco pies.

Maceo y Gómez se mantienen peleando día tras día en las provincias de La Habana y Matanzas. Al fin deciden tomar caminos opuestos, Gómez rumbo al centro de la isla, Maceo hacia Pinar del Río.

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