Y el Presidente Perdió “el Glamour”

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Por José Ángel Lagos Jiménez

SAN JOSÉ, Costa Rica-(Especial para el periódico Información/Houston, Texas) Un mandatario de una democracia, elegido libre, honesta y mayoritariamente por el pueblo, no puede actuar como un dictador, como lo hacía Hugo Chávez o lo actúa ahora el díscolo Nicolás Maduro; tampoco puede caer en el histrionismo de Fidel Castro, con sus poses, ademanes y retórica propia de un mal circo o de una pesadilla inacabable. Un Presidente tiene que ser ponderado, certero, comedido, convincente y hasta agradable con sus respuestas, gesticulaciones y expresiones faciales, porque es el representante del mejor sistema político existente y de un conglomerado de ciudadanos que creen en la libertad, el progreso y en el humanismo, entre otras virtudes.
Pero Luis Guillermo Solís pierde la sensatez y el autocontrol cada vez que un periodista le pregunta sobre tópicos que él, como Presidente, tiene el deber, la ineludible responsabilidad de contestar. Su última diatriba fue el pasado 2 de agosto en la ciudad de Cartago, después de una celebración de la Iglesia Católica y que es una fiesta nacional, de la cual la inmensa mayoría de los costarricenses están pendientes de sus líderes religiosos y políticos, quienes asisten al acto. El cuestionamiento que le lanzó el reportero y que reproducimos en forma textual, fue el siguiente: “(…) con respecto al anuncio (…), esta alarma, que de no aumentarse los impuestos, el gobierno tendría serios problemas financieros para los servicios básicos. Pero hemos visto que en estos años, durante su mandato, se ha incrementado el gasto público, que no ‘le ha metido tijera’ a los pluses y anualidades (…).” Al escuchar lo anterior, Luis Guillermo Solís arremetió violento contra el periodista con una andanada de palabras, diciéndole, entre otras cosas, que, “antes de preguntar, debería leer, debería informarse,” e hizo que su mi-nistro de Hacienda contestara lo que evidentemente el mismo Solís, por causa del enojo y por no tener una respuesta racional y serena, no podía explicar en ese momento. Y ese lamentable pasaje no es el primero, ni será el último en el mandatario costarricense mientras ostente ese delicadísimo cargo que los votantes le confiaron. Estaba tan contrariado, que sus líneas argumentales ya rozaban la irracionalidad al decirle al mismo periodista, “(…) este no es un monólogo con usted (y es que era un diálogo, nunca un ‘monólogo’, nótese el grado de descontrol en el que estaba Luis Guillermo Solís). Usted no estudió las cifras (…); pero vamos a atender a sus colegas.” Concluyó, con el rostro visiblemente desencajado y alterado por la cólera.
Para colmo, el mismo comunicador, llamado Alexander Rivera, le puso “una banderilla más al lomo del becerro” al manifestarle: “entiendo que se enoje con las preguntas, pero los costarricenses están enojados con un (inminente) aumento de impuestos.” En esos instantes, la situación ya había adquirido el cariz de una tragedia griega. Y es que, cuando un mandatario pierde “el glamour” ante una circunstancia de estas, es porque el grado de frustración que maneja se le ha ido de las manos. Concretamente, el grosor del pueblo de Costa Rica, desea que este Presidente y su grupo se mar-chen, que pasen los meses que le quedan a su des-administración y se regresen por donde nunca debieron haber venido. El descontento se respira y transpira en las calles, en tertulias de expertos financieros y en todos los ámbitos de la vida del costarricense. Pero lo entendemos, el Presidente Solís no estaba preparado para un puesto de tal envergadura y menos aún cuando le cayó como “por arte de magia”, de la nada, en las elecciones que ganó ante un flojo ex candidato opositor. Lo comprendemos perfectamente, aunque no lo excusamos.
joseanglagosj@aol.cl

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