¿Y Dónde Está el Canal de Nicaragua?

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Por José Ángel Lagos Jiménez

MANAGUA-(Especial para el periódico Información/Houston, Texas) Cuando los voceros de la dictadura de Daniel Ortega avisaron unos pocos años atrás, que iban a construir un canal interoceánico para competir y quitarle protagonismo al de Panamá, francamente creímos que el proyecto/amenaza iba en serio. Y decimos “amenaza” porque toda acción que los comunistas van a emprender en sus respectivos países, lo ventilan al mundo con un tono amenazante como queriendo decirnos, “¡Cuidado con nosotros; miren el poder que tenemos!” Pero, con el paso del tiempo, la susodicha vía acuática se ha quedado en nada, la gran y absoluta nada, igual a tantos sueños fallidos que los marxistas han acuñado a lo largo de su nefasta historia.

Recordemos que la obra fue valorada en US$50 mil millones, para ser inaugurada en el año 2020; pero, hasta el presente 2017, cuando ya deberían haber avanzado lo suficiente con la infraestructura, solo pastan vacas en su lugar y los pescadores locales continúan con su rutina de trabajo. Y lo que es peor, el empresario chino Wang Jing, quien llegó a América Latina dándose ínfulas de gran magnate del lejano oriente, no ha aparecido en los últimos dos años y nadie sabe que ha sido de él. Fue en diciembre del 2014, cuando aquel individuo, quien no sabemos de dónde salió y para qué salió a la luz pública, llegó a Nicaragua para decir entre otras cosas: “al inaugurar los trabajos iniciales del proyecto, (tengo que decir) que esta tierra, junto con nuestro trabajo, va a dar paso a un país más fuerte, a un pueblo más fuerte.” Y lo cierto es que, tres años después, en la que iba a ser la zona del canal, solo se escucha el canto de los pájaros y las conversaciones distendidas de los campesinos, quienes no dejan de agradecer a Dios porque el chinito se olvidó de su rimbombante promesa. En palabras sencillas, claras y directas, la Nicaragua atrapada en las fauces del dictador Ortega y su mujer, sigue siendo el segundo país más pobre de América Latina, solo superado por Haití, y el atraso sigue siendo la sombra permanente que deprime a su vida nacional.

Tampoco ha arribado la impresionante y enorme maquinaria que el mismo chino anunció que haría llegar a Nicaragua, ni una pequeña pala, ni un casco… nada ha desembarcado en los puertos de esta nación centroamericana. Los Ortega hacen mutis. ¿Qué más pueden hacer? Y el nepotismo de la familia del dictador también sigue a la espera, cuando Laureano Ortega, hijo del tiranuelo en el poder, y asesor suyo en temas de inversiones (¡!), no ha podido reunirse con el oriental en más de un año, desde aquella proclama de que iba a invertir, inicialmente, en Nicaragua, US$2 mil millones. Nada de nada; la gran y absoluta nada. El chino Wang parece haber sido tragado por la tierra.

En el tanto usemos la aritmética simple, notaremos que en el 2020 se pensaba inaugurar el proyecto del canal interoceánico, y estamos más allá de la mitad del 2017, lo cual nos dice de manera contundente que todo lo dicho, lo especulado, era eso… una soberbia especulación y punto. Y lo más cómico es el silencio de Daniel Ortega, su hijo nepotista y su mujer, quienes no quieren sonrojarse ante la tomadura de pelo que les hizo a los tres el chino en cuestión. Incluso el diario inglés The Times, con ese tono tan desabrido de los británicos, publicó en junio pasado, “hay rumores de que el proyecto ha sido archivado.” Por su parte, en Panamá no se comenta nada; en los Estados Unidos no faltará algún alto funcionario para Centroamérica, que suelte una risilla apenas perceptible en son de burla; y en los países vecinos muchos nos carcajeamos abiertamente. Y, antes de concluir esta columna, detallamos lo siguiente: en el 2015 se informó que Wang Jing había perdido el 85 por ciento de su fortuna por la caída de acciones de su empresa Xinwei. Su capital pasó de los US$10,200 millones, a los US$1,100 millones. Ahí comenzó a tomar otro rumbo este relato, hasta convertirse en una pésima parodia.

joseanglagosj@aol.cl

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