Un Sacerdote con Aberraciones

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Por José Ángel Lagos Jiménez

MANAGUA, Nicaragua-(Especial para el periódico Información/Houston, Texas) Me pregunté, antes de escribir esta columna, si valía la pena redactarla. Y la duda mía se basó en que el individuo sobre el que tenía que comentar, tuvo más sombras que luces; pero desde el punto de vista del catolicismo y de algunos de sus miembros eclesiásticos aberrados, sí valía la pena que la escribiera. Y por ese rumbo he dirigido mi enfoque.
¡Pues bien! Murió el exsacerdote vetado por el Vaticano, Miguel D’Escoto. Fue quien “ahorcó” la indumentaria de la Iglesia y se dedicó a vivir del sandino-comunismo. En otras palabras, llegó a la dictadura sandinista en 1979, junto a otros ocho individuos que comenzaron el camino tortuoso de la miseria para Nicaragua. Sufrió una larga enfermedad, hasta que se produjo su deceso en esta Capital nicaragüense cuando contaba con 84 años. Hemos de decir ineludiblemente, que fue de las personas que le hizo mucho daño a esta nación, pero daño de verdad. Cimentó la dictadura, guardó silencio ante los abusos (encarcelamientos, persecución y asesinatos de opositores), cometidos por el comunismo y por supuesto, estuvo totalmente de acuerdo con esas vejaciones a la población civil. Todo ello sin contar el hecho de que traicionó a la fe católica, a la cual había jurado lealtad.
La mujer de Daniel Ortega fue la que dio la noticia de la muerte de D’Escoto y luego, a nombre de la dictadura, difundió una nota de pesar en la que dijo, “el Gobierno de Nicaragua siente su profunda consternación y dolor por el fallecimiento del padre Miguel D’Escoto.” Ni padre (sacerdote), ni querido por el pueblo, esa es la verdad. Los nicaragüenses no olvidan que perteneció a una dictadura ilegítima como todas las dictaduras, y sangrienta además. Como hemos reseñado, D’Escoto le dio la espalda a la Iglesia Católica y los sandinistas en el poder le dieron el puesto de Ministro de Relaciones Exteriores, una actividad que desarrolló frente al mundo libre de la década de los 80s. con verdadero rencor y tozudez. Son memorables sus palabras contra el expresidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, y contra todo lo que supusiera ser distinto al comunismo internacional. Gran amigo de los genocidas cubanos, Fidel y Raúl Castro, y sus viajes a la isla de Cuba para recibir órdenes, fueron la constante en aquel tiempo.
Según era de esperar, el propio Papa Juan Pablo II, lo apartó definitivamente de la Iglesia, como tenía que ser irremediablemente. Lo mismo hizo con el otro sacerdote hereje, Ernesto Cardenal, hoy resentido porque fue apartado del sandinismo y llora su pesar delante de los periodistas, sin ningún escrúpulo de su parte. Recordemos que al recordado Pontífice polaco no le temblaba la mano cuando tenía que arremeter contra el comunismo y sus sátrapas y así lo hizo con ambos exreligiosos traidores, en Nicaragua.
Miguel D’Escoto nació el 5 de febrero de 1933; fue ordenado sacerdote misionero en 1961 y perteneció a la orden Marynknoll, donde promovió la teología de la liberación. Después le dio la espalda al catolicismo y se enroló en las filas del sandino-comunismo en 1975, respaldó la matanza que derrocó a Somoza y nunca dijo si sentía remordimiento por la gran cantidad de víctimas inocentes que murieron en ese conflicto interno de Nicaragua. Cuando ganó la presidencia Violeta Vda. de Chamorro, fue diputado opositor y últimamente había sido nombrado asesor para asuntos limítrofes y relaciones internacionales. Esta es la semblanza del individuo que acaba de morir… un individuo nada más. Solo eso. Sin pena ni gloria, destinado al cesto de la historia.
joseanglagosj@aol.cl

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