RERCONDANDO AL HÉROE ORLANDO ZAPATA TAMAYO EN EL OCTAVO ANIVERSARIO DE SU ASESINATO

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Por Emilio Martínez Paula

Sean mis primeras palabras para rendir un recuerdo conmovido a la memoria de Orlando Zapata Tamayo, sin olvidar otros que ofrendaron sus vidas, como José Luis Boitel al que los hermanos Castro dejaron morir de hambre y sed ante la indiferencia de los gobiernos del Campo Democrático.
Este 23 de febrero se cumplen 8 años de su muerte. Falleció a los 43 años en Cuba tras una prolongada huelga de hambre, realizada en la cárcel, exigiendo derechos mínimos.
De origen sencillo, Zapata Tamayo fue albañil y plomero. Había nacido en Banes, Holguín, al oriente del país, pero luego se trasladó a la capital y se incorporó al mo-vimiento de disidentes que, dentro de Cuba, son fuertemente perseguidos y castigados por la dictadura de los hermanos Castro.
Su muerte en la cárcel conmovió a la comunidad internacional y significó el segundo episodio más connotado de huelguistas de hambre por motivos políticos, tras el que ocurrió en 1972 con la muerte del activista Pedro Luis Boitel.
La madre de Orlando Zapata Tamayo, Reina Luisa Tamayo, sostuvo una larga batalla para recupe-rar los restos de su hijo, exhumarlos y llevarlos fuera del país, luego de ser amenazada y hostigada por fuerzas de la Seguridad del Estado cubanas. La imagen de esa madre por las calles de La Habana, llevando en las manos las cenizas de su hijo, también recorrieron el mundo.
Luego la familia se exilió en Miami.
Cuando falleció Orlando Zapata Tamayo, el gobierno comunista de la isla organizó una campaña de descrédito hacia el activista, señalándolo como un vulgar delincuente. La oposición nunca aceptó aquellas calumnias. Amnistía Internacional le consideraba un prisionero de conciencia.
Zapata formaba parte del grupo de los 75 disidentes condenados en la primavera del año 2003 con penas de hasta 28 años de cárcel, aunque, en su caso, la acumulación de penas por “desobediencia, desacato y protestas a favor de los derechos humanos” le acarreó una condena de hasta 36 años de prisión.
El disidente inició la huelga de hambre después de que el Gobierno se negara a aceptar sus demandas, entre ellas, vestir la ropa blanca de disidente y no el uniforme de recluso común. Además, protestó por las condiciones en que se encuentran los presos políticos y se negó a comer los alimentos que provee el penal para, en su lugar, alimentarse sólo de la comida que, cada tres meses, le llevaba a la cárcel su madre.
Estuvo recluido en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, en Ciudad de la Habana, después de haber sido detenido en la calle el 6 de diciembre del 2002 por agentes de la policía política cubana, acusado por el supuesto delito de desacato.
Fue excarcelado el 7 de marzo del 2003, pero detenido nuevamente el día 20 del mismo mes cuando participaba en un ayuno junto a la disidente Martha Beatriz Roque Cabello y cuatro personas más. Fue enjuiciado el 18 de mayo de 2004 y condenado a tres años de prisión.
Cumplía su condena en la cárcel de Guanajay, provincia de La Habana, hasta que el 15 de enero del 2005 fue trasladado para la prisión Taco-Taco, en la provincia de Pinar del Río.
Tras 86 días de huelga de hambre Zapata Tamayo sucumbió.
En una grabación, en ese triste día del 2010, la madre del opositor, Reina Luisa, acusó al gobierno de la isla de haber asesinado a su hijo.
“Ya asesinaron a Orlando Zapata Tamayo, ya acabaron con él, a las tres de la tarde de hoy [martes]. Esto ha sido un asesinato premeditado y sólo me queda dar las gracias a todos los países que lucharon para que no muriera”, dijo, visiblemente afectada, Reina Luisa Tamayo.
Al cumplirse el octavo aniversario de su asesinato, no podemos menos que recordar el heroísmo con el que luchó contra el régimen de los Castro.
*Emilio Martínez Paula,
Presidente Ad vitam aeternam,
Academia de la Historia de Cuba

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