Relaciones Entre Estados Unidos y la China Comunista

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Por Emilio Martínez Paula

Como todos sabemos, por muchos años los Estados Unidos NO mantuvieron relaciones con la República Popular China sino con Taiwán consi-derándola como el gobierno legítimo de China. Todo eso cambia en 1979 año en que el gobierno estadounidense decide estable-cer relaciones con la República Popular China.
De allá hasta la fecha lo único que han logrado esas relaciones es convertir a China Comunista -su gobierno y sus jerarcas- en el segundo país más rico del mundo. Nadie con dos dedos de frente ignora que ya nada se fabrica en Estados Unidos. Todo lo que compramos dice ‘Made in China’. Las fábricas que antes estaban en territorio de los Estados Unidos y que creaban fuentes de trabajo estables para sus ciudadanos ahora se trasladaron a China.
Solamente alguien tonto o mal intencionado puede ignorar que los derechos humanos se violan sistemáticamente en la República Popular China. O sea que las relaciones entre Estados Unidos y la China Comunista no han llevado la democracia a ese país asiático.
A pesar de la publicación por parte del Gobierno chino de un informe titulado “Progreso en los Derechos Humanos en China en 2013” son muchos los derechos fundamentales que se siguen violando al día de hoy en ese país. Todavía existen los llamados ‘campos de reeducación’ que esconden campos de trabajo forzado, la discriminación por pertenecer a una minoría étnica o la prohibición de determinados cultos religiosos.
Libertad de expresión
Liu Xiaobo (el escritor, profesor y activista de los Derechos Humanos) recibió el Premio Nobel de la Paz en el 2010. Desde 2009 cumplía condena por “incitar a la subversión del poder del Estado”. La traducción de este delito es ser el autor principal de la ‘Carta 08’, un manifiesto que pedía el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales en China Este intelectual es sólo uno de los que fue afectado por la represión de la libertad de expresión en el país. Él falleció el pasado 13 de julio de 2017 a los 61 años, víctima de un cáncer he-pático. Para China, era un “criminal”. Para los defensores de los derechos humanos, su gran esperanza de una vía democrática. Queda la duda de si el tumor no se descubrió a tiempo por las malas condiciones médicas generalizadas en las cárceles chinas o se trató, como sospechan algunos disidentes y defensores de los derechos humanos, de una negligencia voluntaria para deshacerse del hombre que en su juicio en 2009 declaró “no tengo enemigos ni odio”, pero al que  Pekín consideraba su principal adversario político interno.
La censura del gobierno también ha llegado a la Internet con el control de blogs y páginas web.
Palabras como ‘democracia’ o ‘derechos humanos’ están prohibidas. Todo aquel que suba contenido a la red que el gobierno considere ‹información sensible› puede ser encarcelado acusado de ‹subvertir la seguridad del estado› o ‹filtrar secretos de Estado al exterior›.
Muchos de los detenidos por intentar transmitir la situación que se vive en China por la falta de derechos fundamentales han pasado meses desaparecidos o en arresto domiciliario.
Tortura
En la nueva ‘Ley de Procedimiento Criminal’ se prohíbe de forma general obtener evidencia bajo tortura. A pesar de ello la tortura sigue siendo una práctica habitual en la China Comunista. La denuncia de estos hechos también puede derivar en la detención.
Además, se ha autorizado legalmente que la policía mantenga a personas sospechosas detenidas hasta seis meses, sin comunicarlo a sus familiares. Amnistía Internacional sigue recibiendo informes de muertes bajo custodia, algunas de ellas causadas por la tortura, en diferentes instituciones del Estado, incluidas las cárceles y centros de detención de la policía.
Varias personas que han estado detenidas en ‘campos de reeducación’ han contado a Amnistía Internacional que las golpeaban brutalmente, a veces con po-rras eléctricas, las privaban de alimentos, las sometían a simulacros de ahogamiento y les inyectaban sustancias desconocidas, entre otras técnicas de tortura.
El número de ejecuciones en China es mayor que el del resto de los países del mundo en su conjunto con cifras de entre 3.000 y 5.000 personas al año. Además, la pena de muerte se aplica tras juicios injustos y por delitos, en muchos casos, no violentos.
Las detenciones son establecidas por la policía sin necesidad de un juicio y por un período de hasta cuatro años. Los campos de trabajos forzados siguen siendo una realidad en China.
Cientos de miles de personas han sido internadas en ellos sin haber sido sometidos a un juicio previo.
Otra de las prácticas habituales de la justicia china son los arrestos domiciliarios ilegales, en los cuales se prohíbe a las personas salir de su casa e incluso llegan a incomunicarlas, cortando cualquier tipo de comunicación.
Además se han creado centros para dar ‘clases de educación jurídica’, o ‘centros de lavado de cerebro’, donde se coaccionan a practicantes de religiones minoritarias para que abjuren de sus creencias.
Las confesiones musulmanas, budistas y cristianas están prohibidas. Las autoridades intentan controlar todas las prácticas religiosas e incluso el nombramiento de los líderes religiosos. Las personas que practican religiones no autorizadas en casas-iglesias clandestinas corren el peligro de ser encarceladas e incluso ejecutadas.
Pero a pesar de todo esto, el presidente de Estados Unidos Donald Trump,  afirmó recientemente que “no puede haber un asunto más importante que la rela-ción  China-EE.UU.”, ya que las dos potencias pueden solucionar “los problemas mundiales”. Así de positivo se mostró en uno de los encuentros con su homólogo chino, Xi Jinping, durante su gira asiática en noviembre del año pasado donde anunciaron un acuerdo comercial entre los dos países por valor de 253.400 millones de dólares (218.000 millones de euros).
Sin embargo, el alcance de los malentendidos entre las dos naciones está creciendo.
Se ha prestado demasiada atención al fantasma de un conflicto nuclear entre EE.UU. y Corea del Norte, y muy poca a los inminentes efectos colaterales de las relaciones entre EE.UU. y China.
El presidente estadounidense aún cree que China puede desarmar a Kim Jong-un en nombre de EE.UU. Nadie más piensa que eso sea probable. Recientemente Trump dijo que su paciencia con China se estaba ago-tando. Los asesores de Trump hasta ahora han limitado sus impulsos proteccionistas.
Pero él rara vez permanece “amordazado” por mucho tiempo. “Si no nos ayudan con Corea del Norte, entonces hago lo que siempre he dicho que quiero hacer”, les dijo Trump, a los chinos.

*Emilio Martínez Paula,
Presidente Ad vitam aeternam,
Academia de la Historia de Cuba

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