Presos Muertos y Heridos en un Motín en una Cárcel en México

El horror ha vuelto a México. Un salvaje motín en la cárcel estatal de Topo Chico, en Monterrey, ha golpeado en la frente a un país que vivía días de miel y rosas ante la llegada este viernes del Papa. 52 muertos, 12 heridos y la evidencia, otra vez, de que el sistema penitenciario mexicano está en manos del crimen han disipado las brumas y abierto una nueva crisis de seguridad.

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El horror ha vuelto a México. Un salvaje motín en la cárcel estatal de Topo Chico, en Monterrey, ha golpeado en la frente a un país que vivía días de miel y rosas ante la llegada este viernes del Papa. 52 muertos, 12 heridos y la evidencia, otra vez, de que el sistema penitenciario mexicano está en manos del crimen han disipado las brumas y abierto una nueva crisis de seguridad. La revuelta, la mayor en los últimos 25 años, tuvo como detonante el asesinato de un líder carcelario a manos de sus adversarios. Su muerte derivó en un cruento ajuste de cuentas. El caos y la sangre se adueñaron de la cárcel.
La prisión estatal de Topo Chico, de 3.800 reclusos, fue lo más parecido al infierno. Durante al menos dos horas, los internos tomaron el control del presidio y se enzarzaron entre sí como bestias. Los detalles de la matanza tardarán meses en aclararse. Las primeras versiones apuntan a que el enfrentamiento arrancó a medianoche entre Los Zetas y el cártel del Golfo, las dos organizaciones criminales que controlan el presidio. El detonante fue el intento de fuga de Jorge Hernández Cantú, El Comandante Credo, miembro del cártel del Golfo y uno de los cabecillas de la penitenciaría. En su huida, siempre según versiones no oficiales, fue sorprendido y asesinado por sus adversarios, dirigidos por Juan Pedro Zaldívar Arias, alias el Z-27, un conocido secuestrador que recientemente había sido trasladado a la cárcel. La sangre llamó a la sangre. Un vendaval de venganza se apoderó del penal. Ante la absoluta inoperancia de las fuerzas estatales, la reyerta devino en una matanza. Los internos prendieron fuego a la bodega de víveres y se enfrentaron cuerpo a cuerpo. No hubo tiros. Bastaron las cuchilladas. La cárcel, al menos en dos áreas, quedó en manos de los amotinados.

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