Petra, Ciudad de Piedra Rosada en el Desierto

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Aunque apareció en Indiana Jones y la Última Cruzada, poco o nada es lo que se sabe sobre el lugar que completa las siete casillas de las Maravillas
del Mundo

A tres horas de Amán, la capital de Jordania, esta metrópoli es considerada una maravilla del mundo. Completamente tallada en roca de arenisca, el enclave sirvió de hogar para tres culturas diferentes.
Siete son las maravillas del mundo moderno. Al mencionarlas, la gran mayoría de las personas han ido, han soñado con conocer o por lo menos han escuchado los nombres de Machu Picchu, Chiché Itzá, el Coliseo, el Cristo Redentor, la Gran Muralla o el Taj Mahal. Sin embargo, y aunque apareció en Indiana Jones y la Última Cruzada, poco o nada es lo que se sabe sobre el lugar que completa las siete casillas: Petra.
Su nombre proviene de la palabra griega para piedra, y le cae como anillo al dedo, pues se trata de una ciudad literalmente excavada y tallada en las rocas rojizas del valle de la Aravá, entre el mar muerto y el Golfo de Aqaba, en el territorio que le corresponde a Jordania. Cuenta la leyenda que esta fue construida en el siglo VIII a.C., aunque su verdadero auge comenzó en el siglo VI a.C., cuando fue ocupada por los nabateos.
Según los historiadores, este pueblo arameo, que convirtió a Petra en su capital, supo hacerla brillar al aprovechar su situación, abovedada entre rocas de hasta 200 metros de altura, como un factor para ofrecer seguridad a los mercaderes que por la época establecían rutas para comerciar especias, seda, marfil, perlas e incienso, entre Egipto, Siria, Arabia, África y la India. Durante años, los nabateos repelerían importantes invasiones hasta el año 63 a.C., cuando fueron sometidos por los romanos.
Fueron estas dos importantes civilizaciones las que le dieron su forma actual a Petra. Los primeros constru-yendo la gran mayoría de templos y tumbas, con los segundos incluyendo reconstrucciones, modificaciones y nuevas construcciones con sus conocidas fachadas helénicas. Con la adopción del cristianismo por parte de los romanos en el 325 d.C., también se construyeron en la ciudad varias iglesias, que hoy hacen de esta maravilla toda una galería cultural digna de visitar.
Como si eso no fuera argumento suficiente, hay que señalar que la ciudad de piedra estuvo perdida para la humanidad durante cerca de 1.500 años. El descenso de las actividades comerciales por la creación de rutas marítimas, y un fuerte terremoto que casi la destruye en el 363 d.C. hizo que los habitantes fueran abandonándola poco a poco. Sin embargo, lo grabado en piedra no se borra tan fácil y en 1812, Petra fue redescubierta por el suizo Jean Louis Burckhardt, que tuvo que hacerse pasar por árabe para poder encontrarla. En 1828 comienzan las excavaciones arqueológicas, y en 1985 la Unesco la declara Patrimonio de la Humanidad.
Desde entonces los aventureros interesados en cono-cer la legendaria metrópoli tallada en arenisca han ido en aumento. Van con el objetivo de conocer las cerca de 50 estructuras que han sido rescatadas en las diferentes expediciones arqueológicas. La atracción principal es El Tesoro (Al Khazneh), que según la leyenda resguarda un cofre lleno de oro y joyas. Se trata de una estructura de 40 metros con amplias columnas con varias esculturas grabadas en las paredes, coronadas por una cúpula.
Acá la roca parece tomar un color rosado, lo que lo ha convertido en el punto más fotografiado de la ciudadela y el preferido por los artesanos para vender sus mercancías.
Para llegar hasta allí primero hay que recorrer el Siq, un angosto cañón que comienza con los vestigios de un gran arco y se extiende a lo largo de 1,5 km donde los caminantes son vigilados desde lo alto por estatuas de dioses, leones, águilas y elefantes.
Al final del recorrido se encuentra El Tesoro, y más adelante el resto de la ciudad viva, con su calle principal, el teatro para más de 6.000 personas, las casas, los talle-res y la vía de las columnas, donde todavía se aprecian los vestigios del gran templo de la ciudad.
Al final de la vía esperan dos museos: el arqueo-lógico, situado en una cueva nabatea, resguarda piezas y esculturas de las diferentes culturas que habitaron la ciudad; y el nabate, que presenta la historia de Petra, su geografía y las excavaciones que se han realizado.
Detrás de ellos, y desde lo alto, el monasterio (Deir) vigila la ciudad. Como El Tesoro, esta estructura es una de las mejor conservadas y más llamativas de este enclave milenario, además de ser el abrebocas a la ciudad de los muertos.
Es que en la ciudad rosada hay por lo menos once sitios de tumbas importantes. Resaltan las de los obeliscos y el Jinn, a la entrada del Siq; la imponente tumba de la Urna, que junto a la Corintia y a la de Sexto Florentino conforman el conjunto de las tumbas reales; y la tumba del soldado, que al sur de la vía de las columnas es una de las mejor preservadas.
Hay que decir que todas tienen su encanto, pues la aristocracia nabatea demostraba su poder económico compitiendo por ver quién tenía la tumba más hermosa.
Para llegar hasta este conjunto de palacios primero hay que viajar hasta la capital de Jordania, Amán. Desde allí se toma un bus hasta la localidad de Wadi Musa, en un trayecto que dura tres horas.
Este poblado ubicado justo al lado de Petra cuenta con 23 hoteles, algunos de lujo, y ofrece facilidades para adquirir los tiquetes de entrada, que valen $ 50 dinares jordanos un día y $ 55 dinares jordanos los dos días, hay guías y hasta camellos para hacer el tour.

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