LOS MARTÍNEZ

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Constituyen una mafia, una raza, un grupo selecto de personas de personajes y personajillos. Y, además, añada todo lo que quie-ra. Los Martínez tienen algo en común, que guardan celosamente, y hasta el momento ninguno se ha arriesgado a revelar el secreto que los ata. El Martínez de más abolengo que recuerdo, pariente mío segu­ramente, es más conocido como Elio Antonio de Nebrija, y no por su verdadero nombre: Antonio Martínez de Cala. Antonio, humanista y gramático, profesor de Salamanca, fue el verdadero artífice de la lengua castellana y co­laboró en la redacción de la Biblia Políglota. Le podemos reprochar que publicó la primera gramática castellana, la insípida gramática, calcando un tanto la del latín, aparecida en 1492, el año del descubrimiento, y dedicada a la despiadada Isabel la Católica, reina de Cas­tilla por la gracia de Dios. La unidad lingüís­tica de España no se habría perfeccionado sin la gramática de Nebrija. Isabel preguntó para qué podía servir la obra de Antonio Martínez, y le respondió fray Hernando de Talavera, el protector de Colón: después que Vuestra Alteza meta debajo de su yugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellas tengan necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, enton­ces por esta arte podrán venir en conocimiento de ella.
– No sabemos si Isabel y Fernando entendieron las razones por las que Antonio Martínez publicara su gramática, pues los Reyes Católicos estaban muy preocupados en lograr la unidad de los levantiscos españoles, unidad que aún no se ha logrado durante los últimos quinientos años y aún se discute, con los terroristas y la izquierda vasca que quieren una independencia, a la que no tienen derecho pues el territorio que ellos ocupan es parte de la península, a la que ellos llegaron sabe Dios de dónde. En verdad lo único que sabemos de los vascos es que no sabemos nada. Su dialecto apenas se escribe. No tienen una literatura. Hemos oído la historia del primer Martínez que llegó a La Habana, nadando, supongo que espantando tiburones, luego que un galeote naufragara frente a la bahía habanera. Esa histo­ria la cuenta Emilio Roig, en uno de los voluminosos volúmenes de su interesante y parcial historia de la ciudad de La Habana. Otro Martínez, José Martínez Ruiz, una de las figuras más destacadas de la Generación del 98, a la que él le puso nombre, que junto con Baroja, con el ácido y controversial Una-muno y algunos otros, contribuyó a variar, remozar, el tono y el sentido de la li-teratura española. Pepe Martínez creó una nueva prosa con su estilo muy personal. Reaccionó contra la frase ampulosa. Su interpre­tación de los clásicos ha dado nueva vida a los autores del Siglo de Oro, del pasado español. José Martínez Ruiz nunca se enfada con los tipógrafos, al contrario: casos hay, dice y no escasos- en que su gratitud a los tipógrafos es muy sincera, puesto que habiendo cometido faltas de ortografía estos buenos y cultos tipógrafos se las enmiendan con sutil y noble discreción. Sobre su ingreso en la academia dejó dicho:Sabido es que si a algunos escritores beneficia el ser académicos, a otros, en cambio, les perjudica. En seguida, al verse con la responsabilidad en que se ven, comienzan a du­dar: dudan de su modo de escribir. Antes escribían sin pensar en escoger el término o poner cuidado en la sintaxis y ahora se de­tienen y lo piensan mucho. Y en arte y en todas las disciplinas mentales- la duda mata, esteriliza, vuelve pecatos y medrosos a los que antes, con la pluma en la mano, eran audaces y se sentían inspirados. Y si en la literatura se pierde la espontanei­dad, ¿Para qué servirá la corrección? No desdeñemos en abso­luto la gramática: leámosla con cuidado. Con ese cuidado que recomiendo a los jóvenes es como la leo yo ahora que no soy joven. Consideraría un mal terrible que por consideraciones de sintaxis, se enfriara un poco el ardimiento que aún me queda, afortunadamente, cuando escribo.

*Emilio Martínez Paula,
Presidente Ad vitam aeternam,
Academia de la Historia de Cuba

Nota de la Redacción: A propósito, con este artículo también rendimos tributo a un ser muy querido para este periódico, que esta semana celebra una fecha especial en su vida y que hace parte de esa mafia, de esa raza, de ese grupo selecto de personas de personajes y personajillos, como lo describe el autor al comienzo, y cuyo nombre lo dejamos en incógnito, pero que cuando él lo lea sabrá de quién se trata.

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