Lo que Significan las Remesas Para Honduras

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Por José Ángel Lagos Jiménez

TEGUCIGALPA-(Especial para el periódico Información/Houston, Texas) El envío de dinero desde una superpotencia hacia otro país más pequeño, es uno de los fenómenos más importantes de finales del siglo pasado e inicios del actual. Sobra decir que hay naciones enteras que pueden subsistir con esos dólares que las familias emigradas mandan a quienes se han quedado en casa; e, incluso, ese flujo de dinero ha hecho cambiar la moneda de curso oficial en naciones, como el ejemplo que nos dio El Salvador en América Central, cuando cambió el Colón salvadoreño por el dólar estadounidense, tal era la circulación de esa moneda en el día a día de su realidad nacional.
Guatemala y Honduras son otros dos países que se están pareciendo mucho a El Salvador en lo que estriba al fenómeno de las remesas; en el caso de los hondureños, perciben anualmente unos 3 mil millones de dólares, que hacen que la economía no colapse. Por supuesto que ese dinero proviene desde los Estados Unidos, que es el destino apetecido por las personas quienes finalmente lograron marcharse y afincarse en la gran potencia del norte. Esos 3 mil millones, según un informe de las Naciones Unidas sobre la realidad económica de Honduras, están muy por encima de la producción del café, banano, el auge del turismo y la industria de la maquila; y, por supuesto, las remesas son tan importantes, que sostienen a todo un país. Hay quienes dicen en Honduras que “los dólares de los pobres, son los que sostienen el modelo de los ricos.” En palabras sencillas, francas y directas significa que los inmigrados son los que hacen vivir al resto de los hondureños, no solamente a sus familias, sino a todos los compatriotas.
Es por eso que el tema tan traído y llevado del cierre de fronteras, tal y como pretende hacer Donald Trump, causa ambivalencia en la política que se practica en Tegucigalpa; es decir, por un lado se dicen ser aliados en las decisiones de Washington por detener la inmigración; pero, por otra, facilitan que miles de hondureños partan hacia los Estados Unidos cuando así lo deseen, simplemente porque la economía de Honduras, los empresarios y la gran cantidad de ciudadanos, no pueden vivir sin los dólares que son enviados a diario desde la Unión Americana. Los 3 mil millones hacen que la balanza comercial no colapse; porque, entre otras cosas, hay una desproporción entre lo que se importa y lo que se exporta, y lo que equilibra son precisamente los millones a los que hacemos referencia. Y en “el juego” de la economía, ciertamente los dólares llegan de familia a familia; pero después parten hacia los supermercados, ferreterías, tiendas y demás centros de comercio, que suelen mantenerse atentos, al acecho, para recibir el caudal de dinero, que, posteriormente, llega a los Bancos y estos prestan a su vez a los agroindustriales, empresarios turísticos, cafetaleros y demás. En resumen, los distintos presidentes hondureños sonríen a Trump al estar frente a él y asienten a sus palabras contra la inmigración centroamericana; pero, en el fondo, esos mismos mandatarios no desean que el estadounidense triunfe en su política de “cero inmigración latinoamericana”. Son las dicotomías a las que obliga la dependencia de estas pequeñas naciones del gigante norteamericano. Pero el fenómeno más sorprendente es el que tocamos apenas en las líneas de arriba: el rico, el millonario hondureño, depende de los pobres quienes parten hacia los Estados Unidos, justamente porque son esas personas humildes las que nutren con dólares a los Bancos y cuentas privadas de las familias poderosas. Son las cosas raras que depara la economía en esta América Central sin oportunidades y de pobreza superlativa.

joseanglagosj@aol.cl

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