La Leyenda de las Tlahuelpuchis, las Mujeres Vampiro de Tlaxcala

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Seguramente has escuchado decir que a algún vecino “se lo ha chupado la bruja”… Y es que en México existe aún la creencia de que las brujas rondan por las noches en busca de víctimas a las cuales sorberles la sangre, tal como los vampiros en otras latitudes.
En la tradición oral de Tlaxcala, una de las 32 entidades federativas de México,  existen unos seres sobrenaturales que reciben el nombre de Tlahuelpuchi. Dicho nombre significa en lengua náhuatl “sahumador luminoso”. Los tlahuelpuchis se conocían ya en la época prehispánica como chamanes que tenían la capacidad de ser nahuales; es decir, de convertirse a su arbitrio en animales malvados que podían transformarse en fuego o que lanzaban llamaradas a sus víctimas por la boca, como dragones del mal.
En la actualidad, a las tlahuelpuchis se les considera como mujeres que son brujas a la vez que una especie sui generis de vampiro. Dice la leyenda que existen también hombres tlahuelpuchis, pero son los menos.
Pero, ¿de dónde viene esta superstición? Como casi todas las tradiciones en México, esta leyenda tiene un origen prehispánico.
Las tlahuelpuchis son mujeres comunes a la vista de todos, a quienes los dioses les han concedido un don que algunas usan de manera maliciosa. Ellas se enteran de que son portadoras de este don al llegar a la pubertad, específicamente cuando tienen su primera menstrua-ción. Ahí es cuando entran en contacto con el potencial de sus poderes. Con el tiempo y la práctica, lograrán desarrollarlos por completo, hasta finalmente dominar la técnica de convertirse en animales.
Se dice que, una vez que logran tomar la forma de un animal, se desprende de ellas una luminosidad que advierte su presencia. Aún hoy en día se puede oír el testimonio de muchas personas que dicen que han visto aquellas luces alejarse y acercarse.
Las tlahuelpuchis son territoriales y, a diferencia de las brujas en otro lados del mundo, ellas no conviven ni trabajan en grupos, se reconocen unas a otras aun cuando presenten su forma humana y guardan su distancia respetando el territorio de cada una, pues son sumamente agresivas. Únicamente se tienden la mano cuando existe un peligro común que en solitario no pueden sortear. Las tlahuelpuchi no atacan jamás a sus familiares, excepto si el secreto de su existencia es revelado por algún pariente a otras personas.
Las tlahuelpuchis se alimentan de sangre humana, pero por sobre todas las sangres prefieren la de los niños pequeños, quiénes son sus víctimas favoritas y a quienes acechan en forma de animal o, si la situación lo exige, en forma de neblina que se filtra por puertas y ventanas.
Se dice también que las tlahuelpuchis pueden usar poderes hipnóticos con los moradores, logrando que se duerman profundamente, o volver su sueño más pesado para evitar que despierten. Para tal propósito, echan su fétido vaho a la cara de los infortunados.
Hay que tener mucho cuidado cuanto más frío y lluvioso sea el clima, pues es entonces cuando más ganas tienen las tlahuelpuchis de buscar víctimas recién nacidas. Una vez dormidos los bebés, las tlahuelpu-chis se convierten en mujeres, chupan al infante y salen presurosas de la casa. Cuando los padres de la criatura se despiertan, se dan cuenta que el pequeño presenta moretones en el pecho, la espalda y el cuello.
A veces, cuando una persona está bajo la hipnosis pierde el juicio y se aventura a caminar sin tener conciencia del lugar por donde transita llegando a cometer un suicidio.
Los poderes de las tlahuelpuchis son intransfe-ribles, no se los pueden pasar a ninguna persona ni se heredan. Pero si una de ellas llega a ser asesinada, el asesino será convertido en tlahuelpuchi.
Se dice que a las tlahuelpuchis les gusta chupar la sangre de los bebés y de los niños porque en esa edad la sangre es más deliciosa. Generalmente la aparición de las tlahuelpuchis sucede entre la medianoche y las cuatro de la mañana.
Para llevar a cabo el ritual de transformación las tlahuelpuchis preparan en el fogón de su hogar con madera de capulín, al que agregan raíces de agave, copal y hojas secas de zoapatle, la planta medicinal de la mujer que, desde tiempos prehispánicos, que propicia el coito e induce al aborto. Una vez listo el fuego las mujeres caminan sobre él tres veces de norte a sur y de este a oeste, después se sientan en dirección al hogar donde habita su víctima, mientras que de su cuerpo se desprenden las extremidades.
Se las puede ahuyentar colocando una cajita de agujas, un cuchillo, alfileres, un trozo de metal brillante o unas tijeras abiertas debajo del petate o de la cuna de los niños, pues se sabe que las brujas detestan el metal.
Un espejo cerca de la puerta también ayudaría y una cubeta de agua es un repelente contra su presencia. Sin embargo, los tlaxcaltecas creen que lo más efectivo para alejar a las mujeres-chupadoras es envolver dientes de ajo en una tortilla, la que se coloca sobre el pecho del bebé, o bien, esparcir pedazos de cebolla alrededor de su cuna.
Antiguamente, cuando se descubría a una mujer Tlahuelpuchi en una comunidad, se la sometía a juicio popular y se la ejecutaba sin más trámite. La leyenda urbana dice que última ejecución de una Tlahuelpuchi ocurrió en Tlaxcala en el año de 1973, hace tan poco tiempo que el miedo aún no desaparece.
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