LA INDEPENDENCIA DE CUBA NO FUE FÁCIL PESE A LA AYUDA DE PUERTORRIQUEÑOS Y DOMINICANOS

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Por Emilio Martínez Paula

El 20 de Mayo de 1902 Cuba se declara li­bre e independiente y asume la presidencia Don Tomás Estrada Palma, bajo el lema de más maestros que soldados. Estrada Palma fue elegido por el pueblo a pesar de que no vivía en Cuba y no haber hecho campaña a su favor.
La independencia de Cuba fue una de las más difíciles de Hispanoa­mérica. Ya casi se ha olvidado que en 1741 el almirante británico Edward Vernon desembarcó en Guantánamo y trató de llegar a Santiago de Cuba y que entre los principales oficiales de esta tropa estaba el hermano mayor de George Washington, Lawrence Washington. Fracasaron en su em­peño de apode-rarse de Cuba, aunque más tarde en 1762 con todas las fuer­zas combinadas de mar y tierra que Gran Bretaña pudo reunir para el hecho histórico conocido como la Toma de La Habana por los In­gleses. La Habana pudo resistir tres meses en los que hubo cientos de bajas por ambas partes. Los ingleses dominaron La Habana durante casi un año y se robaron todo lo que pudieron robarse y durante ese breve tiempo entraron más esclavos en Cuba que en todos los años que duró la esclavi­tud. Luego Inglaterra entregó La Habana a Es­paña a cambio de que esta le diera La Florida.
También en su momento, políticos esta­dounidenses habían puesto sus ojos en Cuba. Jefferson le escribía al presidente Madison para que tratara de adquirir la isla de Cuba.
Pero vamos a acercarnos a la lucha por la in­dependencia que se inicia con el Grito de Yara el 10 de Octubre de 1868. Durante toda esa era, los Estados Unidos siempre estuvieron a favor de Es­paña.
En los primeros catorce meses de la guerra murieron 16.980 cubanos 9.133 habían sido heri­dos y 2.042 estaban prisioneros. La Guerra se prolongó durante diez años, hasta que se hizo una pausa a la que se le dio el nombre del Pacto del Zanjón.
Los cubanos no obstante las pérdidas sufridas al terminar estos diez años, se sintieron más or­gullosos y con una conciencia de pueblo capaz de continuar la lucha por la libertad.
Había muerto Carlos Manuel de Céspedes, el padre de la patria, Agramonte y miles de pa­triotas. Algunos pensaban que diez años de guerra había agotado la capacidad de lucha del pueblo cubano. En esos momentos aparece en la escena José Martí que en sus discurso clamaba: “Levanten el ánimo los que lo tengan caído”. E insistió en “la guerra justa y necesaria”. Martí había vivido la mayor parte de su vida fuera de Cuba. Estudió en España, filosofía y letras y leyes, era aboga­do. Al terminar sus estudios se trasladó a México donde se hizo periodista, y colaboró en algunas publicaciones para poder ganar el pan. Vivió también en Guatemala donde fue profesor en la Normal y un año en Venezuela, pero la mayor parte de su vida en los Estados Unidos. En 1892 logra la aproba-ción del Partido Revolucionario Cubano, en una reunión en Tampa. Su trabajo era el de Delegado de la Organización y montó una modesta oficina en New York.
Mientras logran escapar de los agentes de la Pinkerton, agencia policíaca estadounidense que los perseguía, estaban al servicio de España, acuerdan que la guerra debe estallar el 24 de febrero de 1895. Martí tiene que lograr unir las volunta­des del generalísimo Máximo Gómez y de An­tonio Maceo, los otros se unirán cuando vean quienes apoyan el movimiento: los máximos jefes. Máximo Gómez vive en República Republicana. Maceo en Costa Rica.
Después de vencer las dificultades de organizar y limar asperezas entre los complotados, Martí y Máximo Gómez, Francisco Borrero, Ángel Guerra, César Salas y el negro domini­cano Marcos del Rosario desembarcan en Cuba. Maceo, Flor Crombet y un nutrido grupo de patriotas en Oriente.
La Guerra ha comenzado. Flor muere en combate.
¡Ya no hay Flor, escribe Martí en su Diario!
Martí cae en Dos Ríos el 19 de Mayo de 1895, enfrentando a una columna española.
Maceo muere en combate en 1896, y solo se quedó a su lado el coronel Nodarse, pues el resto de su Estado Mayor abandonó el lugar, y nun­ca tuvieron el ánimo necesario, abatidos por la muerte de Maceo, de volver a buscar su cadáver.
Sin embargo, la guerra independentista con­tinuó, dirigida por Máximo Gómez y Calixto García y otros patriotas, como Bartolomé Masó, el general Manuel Antonio de Varona, Cosme de la Torriente y Peraza, Mayor General José Miguel Gómez, que llegó a presidente de la República en 1909, Mayor General Mario García Menocal, que también presidió la República, general Gerardo Machado, que también alcanzó la presidencia de la República, general Domingo Méndez Capote. Y muchos más.
Aquí es interesante destacar que al terminar la guerra se celebró la Cons-titución de 1901 en la que se acordó que todo miembro del Ejército Libertador, aunque no hubiera nacido en Cuba, si se mantuvo en la lucha durante por lo menos 10 años, tenía todos los derechos de cubano por nacimiento.
Los acuerdos de la Constitución permitían que el generalísimo Máximo Gómez, na-cido en República Dominicana, y que tenía el apoyo del pueblo cubano y casi seguro que hubiera ganado las elecciones para ser presidente de Cuba, decli­nara diciendo: “los hombres de espada no somos los mejores para gobernar un pueblo”. Máximo Gómez fue el último gran libertador de América. Inclusive algunos de sus críticos, como militó en el Ejército español, lo acusaban de no ser un buen dominicano.
Pero fue un gran hombre y los dominica­nos seguramente deben estar orgullosos de que República Dominicana haya dado un hombre de su genio, de su carácter valioso y de ser uno de los libertadores de Hispanoamérica. No podemos olvidar al puertorriqueño general Juan Rius Ribera, que era muy querido en Cuba, lo cual me obliga a escribir un artículo sobre otras figuras brillantes nacidas en distintos países de Hispano­américa, destacando que los puertorriqueños, que fueron a pelear a Cuba en legiones, fueron valiosas figuras en la guerra de independencia de Cuba y en la Cuba republicana.

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