LA CONQUISTA DE CUBA Y LA CONQUISTA DE MÉXICO

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Por Emilio Martínez Paula

Como no queremos comentar los acontecimientos de lo que ocurre en Hispanoamérica, nos adentra­mos brevemente en la historia de los que en nombre de la Madre Patria, España, hicie-ron cosas buenas y malas en los días de la conquista de Cuba y de México. En un in­teresante trabajo sobre Diego Velázquez de Cuéllar, publi­cado en nuestro semanario IN­FORMACIÓN, se da a cono­cer que fue conquistador y gobernador de la isla de Cuba y que en 1519 fundó La Ha­bana, pensando que sería con el tiempo la capital de la isla. En­tre sus decisiones importantes nombró a Hernán Cortés como el pri-mer alcalde de Santiago de Cuba, y luego lo mandó a conquistar a México, donde tuvo un hijo, con la Malinche, al que nombró con el nombre de su padre, Martín Cortés, el primer mexicano que vino al mundo, al que siempre tuvo a su lado. También Cortés reconoció a una hija que tuvo con una hermosa india cubana a la que algunos llamaban Leonor. Leonor trajo al mundo a la primera cubana que se destacó en su época, a la que Cortés bautizó con el nom­bre de su madre, Catalina Pizarro. Celebró el nacimiento de su hija con gran pompa y su padrino fue nada menos que Diego Ve­lázquez. Más tarde la casó con uno de sus capitanes. Le dio una dote de cuarenta mil ducados plata.
La Malinche, a la que después bau­tizaron como Doña Marina, que se unió a su señor para combatir a los aztecas que esclavizaban a su pueblo, la Malinche la extraordinaria mujer de la conquista de México, según la opinión de Octavio Paz, forma con Hernán Cortés el Adán y la Eva de México.
Diego Velázquez en general fue bon­dadoso con los nativos aunque su acto de crueldad, que no se le ha perdonado y siempre se le ha echado en cara, fue que ordenó quemar vivo al cacique Ha-tuey, al que logró hacer prisionero porque uno de sus compañeros delató dónde se protegía en las selvas de Cuba, luego de combatir con valor temerario la presencia de los es­pañoles. Lamentablemente el nombre de Hatuey se inmortalizó en Cuba en varias leyendas, pero también en el nombre de una de las cervezas más vendidas en Cuba hasta la llegada de Castro al poder, la cerveza Hatuey.
Otro detalle que queremos mencio­nar es que en definitiva no se sabe dónde descansan los restos, de Diego Velázquez aunque de casualidad una vez se encon­traron la tarja que recordaba su muerte, pero la usaron para otras cosas. Llenó la isla de Cuba de ganado porcino, caballos y puercos, pollos todas las especies existentes en Europa, principalmente España.
En general hemos dado da­tos interesantes, aunque lo más importante es que Velázquez or­denó a Hernán Cortés conquistar México, que en definitiva echó a un lado sus pactos con Velázquez, que al considerarse traicionado por Cortés mandó a Pánfilo de Narváez a apresarlo al frente de un for­midable ejército, superior al que mandaba Cortés, que sorprende durmiendo a Pán­filo, lo ataca lo hace prisionero y Pánfilo hasta pierde un ojo en el combate.
Como se nos acaba el espacio, dejaremos para otros artículos los detalles de la Conquista de México por Cortés, y co­mentaremos por ahora una pregunta que quedará en el aire: ¿Es Cortés el fundador de México?
Destacados y talentosos pensadores mexicanos discrepan sobre este punto y la pregunta queda para discutirse.
Muchos consideran a Cuauhtémoc un héroe nacional, otros que con él terminó el imperio azteca.
El mexicano Octavio Paz, un ser hu­mano de inteligencia fuera de lo común, premio Nobel de Literatura, gran amigo de los pueblos, repite que Cortés y la Mal­inche son el Adán y la Eva de México. “A Cortés no es fácil amarlo, afirmó Octavio Paz, pero es imposible dejar de admirarlo. Cortés divide a los mexicanos, envenena las almas y alimenta rencores anacrónicos y absurdos. El odio a Cortés no es odio a España, es odio a nosotros mismos”. Oc­tavio Paz, lúcido pensador mexicano, uno de los más ta-lentosos que ha dado nuestro continente en este siglo, pide que Cortés sea restituido al sitio que le pertenece, a la historia, con toda su grandeza y todos sus defectos.
A la opinión de Octavio Paz se une otro destacado y respetable pensador mexica­no, José Vasconcelos, crítico, político, talentoso escritor que no vacila en afirmar: “cualquiera que medite sobre la obra de Hernán Cortés de modo desapasionado, comprenderá que merece, como nadie, el título de Padre de nuestra nacionalidad.
Bien, volveremos sobre el tema.

*Emilio Martínez Paula,
Presidente Ad vitam aeternam,
Academia de la Historia de Cuba

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