Influencia de las Fases de la Luna en la Toma de Decisiones

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La Luna, misteriosa y cambiante. Miramos al cielo y allí está, como una moneda de plata entre las estrellas. De pronto, la noche siguiente nos muestra otro reflejo, y así nos acostumbramos a admirarla, siempre diferente, o la buscamos en el cielo y se ha escondido. La Luna cambia siempre, ¿qué significan esos cambios? Y ¿cuál es su influencia en los seres humanos?
La experiencia demuestra que las personas nos vemos influenciadas por la calidad energética de cada momento y lugar. En ello se incluye el paso por cada una de las estaciones del año, hasta el punto de que reaccionamos y gestionamos las emociones de diferente manera según si un suceso  acontece en invierno o en verano.
Así, pues, en el curso de una circunstancia influye el evento, la correspondiente gestión y, tanto o más, la fuerza o calidad energética del momento, lo cual será crucial para la evolución de dicha circunstancia.
Por otro lado, a nadie se le escapa que en su quehacer cotidiano se va encontrando con días más productivos que otros. Hay algunos en los que sin esfuerzo todo va bien, fluido y sobre ruedas; hay otros en los que, aún con todo el empeño, nuestra eficiencia es poco atinada e, incluso, parece obstinarse en brillar por su ausencia.
El ciclo lunar
El ciclo de las fases de la Luna es uno de los que más influyen en el feliz desarrollo de una iniciativa o decisión. El ciclo lunar influye en el ritmo de las mareas, en el ascenso o descenso de la savia en las plantas, en la res-puesta emocional de animales y humanos, en la cantidad de electricidad estática ambiental, en los cambios en la meteorología, en la capacidad para engendrar, etcétera. Este ciclo se tiene muy en cuenta en la denominada agricultura biodinámica, la cual recoge principios tradicionales y astrológicos orientados a la procura de la calidad de los productos.
Así, pues, somos agricultores biodinámicos de nuestra propia vida.
Influencia de las fases lunares en los
resultados de una decisión
La fase lunar determina en gran medida el resultado de una acción o de una decisión. Teniendo en cuenta este factor, podríamos plantearnos qué es recomendable ha-cer en cada de las 4 fases.
Luna nueva: En la fase nueva no es recomendable con-cretar decisiones debido a la confusión entre la razón y la emoción, lo cual puede provocar interferencias, falta de precisión y esfuerzo innecesario. Sin embargo, en esta fase es especialmente que se potencie la intuición neutral, la intención real que se tiene sobre los asuntos. Más que sobre el mundo externo, esta fase pone de relieve lo importante que es conquistar el mundo interior. Estos días son buenos para visualizar y prever sin actuar más allá de lo que la contingencia del momento esté pidiendo.
Luna creciente: Cuando la Luna empieza a crecer (a ser mínimamente vista) ya es posible actuar. Como si se tratara de un baile cuya intensidad es creciente, en los días que van desde la Luna nueva hasta el primer cuarto, podemos ir tomando iniciativas con repercusión medida, de tal manera que al llegar al cuarto creciente las circuns-tancias, los actos y nosotros mismos estemos en un nivel de energetización óptimo. Estos días de Luna creciente son buenos para movilizar aquellos temas que requieren de nosotros de un esfuerzo o despliegue personal ele-vado. Una actividad nueva aconseja que los momentos clave se hagan en Luna creciente.
Luna llena: La Luna llena es la fase en la que se pone en evidencia extrema lo perfecto o lo imperfecto que hayamos estado haciendo hasta ese momento. Así, pues, se trata de días de gran agitación externa, lo cual resulta complementario, como si se tratara de un espejo, del estado de movimiento interior que hayamos podido dise-ñar en la fase de Luna nueva. Si la actitud que pudimos diseñar y visualizar en la fase nueva fue impecable, es muy posible que lo que acontezca en la fase llena sea un reflejo fiel de ello.
Cuando tras la fase llena la Luna empieza a decrecer, sobrevienen unos días de gran actividad mental o intelectual.  No son tan emocionales o instintivos como los de la fase creciente, en donde lo importante era desplegarse energéticamente.
Luna menguante: En la fase menguante lo importante va a ser el análisis, el recuento y la selección de lo que hayamos podido cultivar. En los días en los que la Luna mengua, alrededor del último cuarto, nuestras acciones deben ser mucho más contenidas, medidas y calculadas. Son momentos de gran receptividad, muy distintos de aquellos en los que lo importante era desplegarse energéticamente (días de fase creciente). Intentar llevar a cabo una acción que suponga un despliegue en estos días pue-de dar lugar a resultados estériles pues estos días son de recolección del fruto personal, más que de iniciación de algo nuevo.
Una empresa, una decisión o una acción con la que nos propusiéramos iniciar un nuevo camino en vida, se aconseja que sea iniciada con Luna creciente. Una acción orientada a refinar algo que ya está en marcha es mejor que se haga alrededor de la fase menguante. La Luna creciente favorece la proliferación de hoja (volumen); la luna menguante, en cambio, favorece la obtención de fruto (siempre y cuando haya habido un buen cultivo previo).
El semiciclo creciente de la Luna favorece la adquisición de nuevos hábitos, nuevas actitudes y nuevos aprendizajes. En cambio, el semiciclo menguante favorece la eliminación, la conclusión de asuntos antiguos y la reforma de actitudes. Si se pretende eliminar algo en luna creciente es posible que, en lugar de desaparecer, acabe proliferando.

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