Hirohito, el Último Emperador Teocrático de Japón

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En agosto de 1945, el Enola Gay, un avión B-29 de la Fuerza Área de los Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Así era derrotado el Impero del Japón en la Segunda Guerra mundial. 105.000 personas murieron. Otras 130.000 quedaron heridas.
Entonces el gobernante del País del Sol naciente era el emperador Hirohito. Estaba en el trono desde 1926. Desde hacía mucho tiempo atrás, el pueblo nipón ha creído que el emperador es la representación de Dios en la Tierra. Se le llama Temo, que significa “soberano del cielo”. La actual familia imperial, a la que perteneció Hirohito, ha estado al mando desde el año 600 antes de Cristo. Eso la convierte en la dinastía real más antigua del mundo.
Nació en Tokio el 29 de abril de 1901, hijo primogénito del emperador Yoshihito y educado por importantes figuras militares, mezcla de la tradición japonesa y la occidental. Recibió enseñanzas de zoología, botánica, biología marina, floricultura y oceanografía. Nació en el palacio de Aoyama en Tokio, el primogénito del futuro emperador Yoshihito  y de la princesa Sadako. Llamado Michi no miya (Príncipe Michi), fue separado de sus padres a muy temprana edad, tal como marcaba la tradición, y educado por preceptores designados. De todos ellos, el que mayor afecto despertó en el joven príncipe (comparable al paterno-filial) fue el general Nogi Maresuke, un veterano militar ultranacionalista, que se suicidó tras la muerte del emperador Meiji por devoción al desaparecido monarca, y que fue reemplazado por el almirante Heihachiro Togo,  héroe de la  guerra ruso-japonesa.
En 1921 realizó viajes por Europa, siendo el primer príncipe japonés que lo hacía.
Se casó con la princesa Kuni Nagako la hija del príncipe Kuni Kunivoshi, el 26 de enero de 1924. Tuvie-ron siete hijos, entre ellos Akihito, quien llegaría a ser el siguiente emperador.
Debido a la enfermedad de su padre aquejado de una enfermedad mental, el 25 de diciembre de 1926 subió al trono y en 1933 nació su hijo y sucesor Akihito –actual emperador nipón–.  Fue el primer emperador en siglos cuya madre biológica era la esposa oficial del anterior emperador.
En los primeros años de su reinado, Hirohito tuvo una posición pasiva en cuanto a política, dejando el gobierno japonés en manos de militares ultranacionalistas, lo que derivó en la contienda con China (1937-1945) y en la alianza militar con las potencias del eje (1940), lo que involucró a Japón en la II Guerra Mundial.
El 14 de agosto de 1945 informó de la rendición incondicional de Japón a los aliados, siendo la primera vez que habló a su pueblo. Hirohito cooperó con las fuerzas de ocupación estadounidenses para convertir a Japón en un estado democrático, y el 1 de enero de 1946 negó públicamente su divinidad.
Aprobó la Constitución de 1947, creando una monarquía constitucional y limitando su papel a aspectos ceremoniales.
El emperador Hirohito rigió una de las eras más turbulentas en la historia de su país. Hubo de hacer frente al ascenso de los militares, que, desde 1927-1931, impulsaron la invasión japonesa de Manchuria, mientras promovían en el interior conspiraciones cuyo objeto era sustituir los gobiernos de partido por una dictadura militar bajo la cobertura del emperador.
Aunque se reconoció su participación como cómplice de guerra, los aliados acordaron no someter a Hirohito a los juicios por crímenes de guerra de 1946-1948.
A lo largo de su vida en la posguerra mantuvo un perfil relativamente bajo y estuvo interesado en la bio-logía marina, publicando numerosos trabajos sobre el tema.
Bajo su mandato se produjo la entrada del Japón en el grupo de los países más desarrollados del mundo, basados en una potentísima industria y en una muy alta capacidad de investigación.
En 1987 dejó temporalmente el trono en manos de su hijo Akihito por motivos de salud, falleciendo el 7 de enero de 1989.
En 1987 se sometió a una intervención quirúrgica en el páncreas, porque había estado padeciendo diversos trastornos digestivos desde hacía unos meses. En la operación, los médicos descubrieron que Hirohito tenía cáncer.
Se recuperó exitosamente de la operación, y aparentó tener buena salud durante unos meses, hasta que, el 19 de septiembre de 1988  sufrió un colapso en el palacio, y a partir de entonces su salud fue empeorando. Sufrió graves hemorragias internas hasta su muerte.
Su funeral fue el día 24 de febrero, y en él se contó con la presencia de varios líderes mundiales, como el presidente de EE. UU.  George H.W. Bush. Actualmente está enterrado en el mausoleo imperial  de la ciudad de  Hachiōji, a 40 kilómetros al oeste de Tokio. Hirohito no fue incinerado como es práctica habitual en el país. La última incineración de un emperador japonés tuvo lugar en 1617.
De acuerdo con la tradición monárquica japonesa, fue enterrado con sus más preciados objetos personales: un microscopio  fabricado en Alemania con el que Hirohito realizaba sus estudios biológicos de especies marinas y una caja de madera de ciprés donde el emperador guardaba la clasificación de los principales competidores en los torneos de sumo, la lucha japonesa entre gigantes, acompañan al emperador en su tumba, junto con su sombrero, varios trajes, corbatas y zapatos.
Durante la ocupación norteamericana posterior a la guerra, los aliados aceptaron el criterio de MacArthur de mantener al emperador como garantía de estabilidad y de reconstrucción del Japón vencido, abriéndose una época de grandes reformas políticas y sociales, que se inició con la declaración pública de Hirohito de su carácter humano, que acababa con la tradición de la monarquía sagrada de origen divino.
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