Gustavo Adolfo Bécquer, el Poeta de las Rimas y las Leyendas

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Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida Nació el 17 de febrero de 1836 en Sevilla.
“Volverán las oscuras golondrinas…”, así comienza una de las Rimas más conocidas de este poeta del Romanticismo. Un hombre que supo plasmar en su obra sus múltiples contradicciones. En sus poemas aborda temas como el sueño y la razón, la idea y la palabra, la mujer ideal y la mujer carnal o la aristocracia y el pueblo.
Bécquer no sólo fue un hombre de letras, sino que estuvo muy relacionado con el mundo de la pintura. Su habilidad para la ilustración repercutió en el lenguaje becqueriano de algunas de sus obras dedicadas a la crítica de arte.
Descendiente de nobles holandeses afincados en esa ciudad en el siglo XVI. Su nombre original era Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, pero el poeta adoptó el segundo apellido paterno, Bécquer (originalmente un nombre flamenco, Becker). Su padre fue un estimable pintor sevillano cuyos antecesores habían emigrado a España en el siglo XVI. El hermano del poeta llegó a ser un reconocido pintor y realizó el retrato más conocido de Gustavo Adolfo.
En 1846 se murió el padre de Bécquer y se ingresó a su hijo en un internado para huérfanos de familias nobles sin recursos económicos. Inició estudios de Náutica que no prosiguió. Durante este período compuso con su amigo Narciso Campillo un drama y una novela. En 1847 se murió la madre de Bécquer Joaquina Bastida Vargas y él se fue a vivir con su madrina, quien tenía una biblioteca copiosa de la cual disfrutaba el futuro poeta.
Bécquer se hizo aprendiz de un pintor en 1850 y dos años después continuó sus estudios de pintura en el taller de su tío Joaquín. A los 18 años, en 1854, Bécquer dejó sus estudios de pintura y se trasladó a Madrid. Allí, en 1855, dedicó un poema a una gran figura de la Ilustración española: “A Quintana”; también terminó una fantasía, “Corona de oro.” En 1856 escribió con su amigo García Luna una comedia, La novia y el pantalón. El año después terminó la primera entrega de su Historia de los Templos de España y con García Luna escribió la zarzuela La venta encantada (esta última obra la firmó Bécquer con el seudónimo Adolfo García). A los 21 años se enfermó de tuberculosis; no recobraría nunca por completo la salud.
Intentó dedicarse a la pintura y estuvo sirviendo de escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, donde su habilidad para el dibujo era admirada por sus compañeros, pero fue motivo de que fuera cesado al ser sorprendido por el Director haciendo dibujos de escenas de  Shakespeare.
Decide dedicarse a la literatura y sufre la pobreza mientras colabora en periódicos de poca categoría. Posteriormente entra en “El Contemporáneo” donde publicó crónicas sociales, algunas de sus Leyendas y los ensayos costumbristas Cartas desde mi celda que reúne nueve cartas escritas para el periódico El Contemporáneo publicadas entre mayo y octubre de 1864. En ese mismo año consiguió un cargo muy bien pagado, censor oficial de novelas.
Hacia 1867 escribió sus famosas Rimas y la Revolución de 1868 hizo que se perdiera el manus-crito y el poeta tuvo que preparar otro.
La poesía becqueriana transmite entusiasmo y emoción con un estilo sencillo que da cabida a sentimientos de desesperanza.
Pero, aparte de su importante lírica, Gustavo Adolfo Bécquer fue también un gran narrador y periodista. Escribió veintiocho narraciones del género leyenda, muchas de ellas pertenecientes al género del relato gótico  o de terror, otras, auténticos esbozos de poesía en prosa, y otras narraciones de aventuras.
Bécquer pasó tiempos de gran penuria y nunca logró éxito económico en su vida. En 1864 consiguió un puesto gubernatal como censor de novelas, que ocuparía entre 1864-65 y luego entre 1866-68 y que alivia-ría un poco su situación económica. Comenzó a escribir las Cartas desde mi celda en 1864, durante una estancia de reposo en el monasterio de Veruela, donde el poeta se había refugiado para reponerse después de otro ataque de tuberculosis.
El matrimonio de Bécquer fracasó en 1868 cuando el poeta se enteró de la infidelidad de su esposa. Acompañado de sus hijos, fue a Toledo a vivir con su hermano. El poeta llegó a ser director de la Ilustración de Madrid en 1870, puesto que ocuparía por poco tiempo.
El 10 de diciembre de 1870, meses después de que falleciera su hermano y tras vivir un periodo de luces y sombras, cae enfermo. 12 días después, el poeta sevillano, autor de Rimas y Leyendas, fallece el 22 de diciembre de 1870 a causa de tuberculosis agravada por una profunda depresión.
Para Bécquer, el poema era un vehículo mediante el cual se intentaba comunicar una belleza inefable e ideal, como indican sus versos famosísimos “Puede no haber poetas, pero siempre / habrá poesía.” La musicalidad y aparente sencillez formal de sus versos radican en el interés que tenía Bécquer en la nueva lírica alemana, sobre todo en la de Heine, cuya obra había sido traducida al español por dos amigos de Bécquer, Augusto Ferrán y Eulogio Florentino Sanz. El lirismo intimista y la síntesis de métrica y contenido afec-tivo que se observan en la poesía de Bécquer son una herencia directa de su lectura de Heine. Bécquer rechazó todo artificio retórico, porque quería que la forma de sus versos naciera de su contenido, y que la inspiración y la razón se encadenaran en ellos. Para Bécquer, el poema representaba “la memoria viva” del sentido: “escribo como quien copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.”
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