El Glorioso 10 de Octubre

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Por Emilio Martínez Paula

Martí, evocando el 10 de Octubre, expresaba: ¿No sentís como estoy sintiendo yo el frío de aquella madrugada sublime? Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, era un hombre extraordinario, culto, viajó por Europa y era abogado.  Escritor y poeta, dejó valiosos escritos en la prensa santiaguera y en la de La Habana.
El momento más triste de su vida fue saber que su hijo Oscar estaba prisionero de los españoles. El conde Balmaseda, capitán general español, le hizo llegar una nota en la que le proponía  que podría salvar la vida de su hijo, si renunciaba a seguir luchando por la libertad de Cuba.
Céspedes le responde: “Señor, me anunciáis en vuestro escrito que la libertad de mi hijo Oscar está en mis manos y ponéis como precio a su rescate el que yo deponga las armas que un día no lejano empuñara contra los enemigos de mi patria. Es decir, me proponéis que traicione el juramento solemne que en pro de su libertad hube de hacerles y que defraude las esperanzas de los hombres que en mí han confiado.
Todos son mis hijos, señor, y menguado sería ante mi corazón y mi conciencia si por salvar la vida de uno de ellos comprometiera la de los demás. Podéis llevar a cabo vuestras amenazas; con ello heriréis mi corazón de padre, pero habéis dejado a salvo mi corazón y mi conciencia, Carlos Manuel de Céspedes.”
Oscar fue fusilado.
Al amanecer de ese glorioso 10 de octubre  se reúnen  en el Batey del ingenio La Demajagua,  35 patriotas, los 35 locos sublimes  que dirigidos  por Céspedes inician la guerra libertadora.
Al siguiente día, el domingo 11, parte Céspedes de La Demajagua con unos doscientos hombres, de los cuales muy pocos portaban armas de fuego, dispuesto a tomar el pueblo de Yara. El pedáneo, que hacía las funciones de juez, alcalde y policía, y era tendero, ofreció rendirse a discreción, pero en lo que su respuesta llegaba al punto donde  Céspedes y su gente esperaban, a pocos kilómetros del pueblo, entró en Yara una columna española, fuertemente armada. El comandante de esa tropa, informado de que los insurrectos  atacarían, sitúa sus hombres alrededor del parque del pueblo y cuando la caballería cubana penetra, dando estentóreos gritos de ¡Viva Cuba Libre!, se vio fusilada, en medio de la oscuridad, por lo que tuvo que retroceder en completo desorden.
Este es el primer hecho de armas de la Guerra de los Diez Años, en que muere el primer patriota cubano y el primer soldado español.
Después de esta derrota, Céspedes se limitó a decir: “Quedamos trece combatientes, ¡con trece hombres se libera un pueblo! “Céspedes nunca olvidó lo ocurrido el 11 de octubre, y lo mencionaba como el primer hecho heroico,  originando la tradición de festejar el grito de Yara más que el Diez de Octubre.
Pero esta derrota no desalentó a los cubanos que dos días después toman los pueblos de Jiguaní, Santa Rita, El Horno, Guisa, El Dátil, Cauto Embarcadero y Cauto del Paso, aunque fueron rechazados en Las Tunas, al que los españoles la llamaron desde entonces Victoria de la Tunas.
Las fuerzas cubanas no perdieron su impulso y el 17 de Octubre se presentaron frente a Bayamo. Esta vez  las huestes cubanas pasaban de los 1,500.
En varios días de combates capitula el gobernador español de Bayamo y  Céspedes entra al frente de la caballería cubana. La guerra se prolongó durante diez años, hasta el paréntesis del Zanjón.
Para tener una magnitud del holocausto cubano, recordemos que en los primeros catorce meses  de guerra, comenzada en octubre de 1868, mueren  16, 980 cubanos, 9,133  heridos y 2,092 estaban en prisión y sin contar que muchos habían desaparecido.
No obstante las pérdidas sufridas, los cubanos emergieron de la Guerra de los Diez años con una conciencia nacional y con justificado orgullo de pueblo.
Tras la pausa de la Protesta de Baraguá, José Martí, durante 17 años de incansable prédica, logra  organizar la guerra del 95, que terminó con la derrota de las tropas coloniales.
¡Levanten el ánimo los que lo tengan caído!, predicaba el Apóstol.
Y en uno de sus discursos proclamó entristecido: ¡Si no hay tropas suficientes, qué esperan los caracoles en la playa que no llaman a los indios muertos al combate!
Hoy nos encontramos de nuevo enfrascados en la lucha por ver a la Patria libre, y  cuando se escriban los hechos históricos de los últimos años, se llenarán páginas de oro con el heroísmo cubano.
Durante  años el Escambray bravío peleó sin armas y sin alimentos, dejando un reguero de muertos. Más de dos mil hombres dieron sus vidas por  la patria en las abruptas montañas  de La Villas.
En 1961 la gloriosa brigada 2506 desembarca en Playa Girón, pero fue traicionada. El presidente Kennedy no cumplió su palabra y la brigada no tuvo la necesaria  cobertura aérea, a lo que hay que reconocer, sin suficientes municiones.
A renglón seguido Alpha 66 desarrolla el Plan Omega, que demostró que la tiranía era vulnerable, y que los cubanos del exilio no estaban dispuestos a olvidar la patria disfrutando de las ventajas de la nueva vida. Las 92 acciones de comandos llevadas a cabo por los hombres de Alpha 66 representan una dura lección,  pagadas con  la sangre y las vidas de los combatientes. Pero  son enseñanzas para la lucha venidera e inevitable.
La Alianza Revolucionaria, que así se llamó la unión de Alpha, el II Frente del Escambray  y  el MRP, Movimiento Revolucionario del Pueblo, más el Frente Anticomunista Magisterial y la Federación Estudiantil Revolucionaria, FEU, sin olvidar la Junta Revolucionaria dirigida por el Ing. Manolo Ray, estaban listos para desembarcar en Cuba,  se lo impidieron autoridades americanas e inglesas que los detuvieron en alta mar. No dejaremos de recordar al comandante Hubert Matos, que se suma a la lucha con el CID, vigoroso movimiento que tiene como divisa derrotar  militarmente a la tiranía sangrienta.
Hoy, las Damas de Blanco, las novias de Cuba, desafían la dictadura castrista, como buenas mambisas, luchando por la libertad de la patria y la libertad de los disidentes, sus esposos y hermanos, frente al acoso de las turbas pagadas por la tiranía.
Desde las mazmorras inhumanas donde está encerrado, Oscar Elías Biscet convoca al pueblo a la resistencia civil, paso previo para que se desate la ira del pueblo que hará pedazos la tiranía, lucha en la que debemos estar listos para acudir en apoyo de nuestros hermanos.
Marta Beatriz Roque promueve la sociedad civil, enfrentando golpizas que apenas le permiten salir de la casa, pero no se rinde ni se entrega a los deseos de la dictadura sangrienta que le pide que abandone la isla.
Hoy, en esta conmemoración del inicio de la guerra de independencia, nos encontramos en la dis-yuntiva: o peleamos de nuevo o dejamos pasar los acontecimientos, pensando  que la muerte del tirano es la solución, lo que no deja de ser una cobardía histórica. Con la muerte de Castro, -si bien hay un asesino menos-, esto no significa que el régimen se desmorone, ocurrirá lo mismo que en Rusia, donde los comunistas, tras su orgía de asesinatos, y torturas, siguen mandando como en la Unión Soviética. Fidel Castro no merece morir en una cama, sino colgado de una guásima.
Los que hablan de estar en contacto con cercanos colaboradores del régimen para la transición, mienten.
Los que hablan de transiciones, mienten.
El pueblo cubano, está aprisionado en las redes del sistema establecido por Stalin durante  70 años de terror implantados en Rusia, y aún hay bases secretas rusas en Cuba, y personal militar soviético colabora con Castro.
A lo que tenemos que agregar con el índice  extendido rechazando  la política insincera de los gobiernos estadounidenses que hablan de transición  para ganar el voto cubano en la Florida, mientras se oponen a que los patriotas organicen la lucha contra la tiranía, como en el caso de Santiago Álvarez y Osvaldo  Mitat,  acusados de poseer armas para futuras acciones en Cuba, que son encarcelados como delincuentes, en vez de reconocer su patriotismo.  Alpha y otras organizaciones hermanas no han cancelado sus planes de la guerra irregular, la guerra justa y necesaria, sin pedir permiso a nadie.
Aunque esto no le guste al 90 por ciento de los exiliados, a Cuba debemos volver con el escudo o sobre el escudo.
¡Cuba será libre!

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