COMENTARIOS SOBRE LO HUMANO Y LO DIVINO, SIN MUCHAS PRETENSIONES

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Por Emilio Martínez Paula

Es verdad que las cosas humanas son breves, y que la vida no es más que una sombra errante, y el hombre es un pobre actor que debate sobre la escena unas horas y que inmediatamente no se le oye hablar más. La realidad es que igual que un sueño, y la vida una narración hecha por un idiota, llena de ruido, de furor, y que no significa nada; que la naturaleza no es ni buena ni mala. Es indiferente. Crea seres sin preocuparse cuál será su suerte y todo va a parar allá, al horrible agujero, insaciable, mudo, idiota, que ni siquiera sabe a quién devora. Así han pensado poetas sabios escritores que nos precedieron, (perdóneseme que no cite nombres famosos porque no quiero aparentar una erudición que no tengo). Sin embargo, pese a todos estos párrafos filosóficos, los seres humanos se creen muy importantes, hasta un día que reconocen que, en definitiva, nada tiene importancia.
¿Qué nos ha hecho creer que somos importantes?
Primero la palabra oral, después la escrita y ahora las técnicas: los periódicos, la cinematografía, la radio, la televisión y todo lo que perpetúa la imagen y la palaba de los habitantes del Planeta, nos da la impresión que hemos venido para permanecer y que los muy conocidos permanecen siempre; permanecen mucho tiempo, pero si esperamos un poco, años nada más, de lo presente no quedará nada. Seamos optimistas; dentro de doscientos años ningún ser viviente que hoy ama, odia y lucha para sobrevivir estará presente sobre la faz del planeta. (Bueno, alguna tortuga centenaria sí). Con el paso de los años todo se va, aunque queden esas torpes acumulaciones de piedras que son las pirámides. Pero algún día cuadros famosos que costaron millones, La Estatua de la Libertad, el capitolio de Washington, etc., se convertirán en polvo. Pero la vida y su amiga inseparable, la muerte, nos presenta un pano-rama que a todos engaña: la gente muy joven cree que el mundo es estático y que siempre es el mismo, con jóvenes y viejos Y como la muerte sabia, nadie sabe cuando la parca impía se lo lleva, todos piensan que pueden vivir un año más; si fulano de tal tiene más de noventa… yo tengo sesenta puedo vivir 30 más. No se piensa en la muerte, hasta que se gasta el último centavo en un hospital, rodeado de extraños que si bien algunos intentan salvar al paciente, los más actúan mecánicamente, y se muere lleno de tubos y miserias. Mejor es la muerte de los héroes y los mártires en los campos de batalla, luchando por una causa noble. Al sol no se le puede mirar con fijeza, a la muerte sí.
La sociedad, la vida comunitaria,
no ha cambiado mucho
Desde que el hombre aparece con cierta organización social, tenemos al Gran Jefe, al Sacerdote y al Brujo, el brujo que ha evolucionado hasta ser el médico de hoy. El sacerdote es Papa. Y el gran jefe juega a la democracia o al totalitarismo, lo que importa es tener el poder. Muchos quieren poder, por el poder mismo o por los goces que da el poder. O sea: el dinero, la riqueza, el imponerse a otros.
Claro que hemos evolucionado un poco: le hemos dado nombre a las cosas: unas veces le llamamos esclavitud, conocida por todas las razas y pueblos, feudalismo, monarquía, democracia, otras comunismo, anarquismo, en el sentido de una organización de la sociedad, y seguimos con más nombres: burguesía, capitalismo, el proletariado, en fin todas las denominaciones que se consideren necesarias. Pero el punto, que me paree esencial, es que siempre han existido todos estos modos de organizar la sociedad, que nada es nuevo y que todas las clasificaciones y divisiones se pueden ver transparentes si a la historia se le dan unos cuantos cortes y se mira si mucho apasio-namiento y, sobre todo, sin querer tenerla verdad absoluta y dejar que todos tengan un pedazo de ella.
Tal vez en este punto, debemos hacer un recuento, todo esto sin querer ser muy científico, (algunos entendidos aseveran que nadie sabe a ciencia cierta que es la ciencia). Para abordar a los demás y los problemas de la sociedad de ahora y de este momento en las ideo-logías que se creían dueñas de la verdad absoluta, como el marxismo y esa sarta de adherencias como el leninismo, el estalinismo y otros ismos se han de-rrumbado, increíblemente, por su propio peso. Todo resulta claro ahora: es la simulación en la lucha por el poder, y el control de la cultura que algunos profesores universitarios, generalmente y en su mayoría gente de poco valor, que les dio por decir, (algunos insisten en ello todavía), que el marxismo es ciencia. El marxismo parece una ciencia y el comunismo y los socialismos también juegan a la verdad científica.
El hombre crea condiciones mejores,
sin proponérselo
Desde que los griegos inventaron la Democracia, que era el privilegio de unos cuantos a imponer las leyes, sin tener en cuenta la opinión de los otros, se dio un gran paso hacia adelante: se creó el concepto de que las actividades de la sociedad tenían que tener en cuenta la opinión de “una gran mayoría”. Asimismo cuando los ingleses, y eso fue como aquel que dice el otro día, inventaron su carta magna, que también respondía a intereses de un grupo de “nobles”, siempre se ha dicho que la nobleza desciende de aquellos señores bávaros que comían agarrando con las manos grandes pedazos de carnes, la nobleza, repetimos, establece sin preten-derlo el concepto constitucional, que pasó, de ser pri-vilegio de unos cuantos, a ser privilegio de todos.
En fin, que gracias a los intentos de las clases poderosas de obtener más privilegios, la sociedad ha logrado ir mejorando las condiciones de vida de las otras capas menos favorecidas que forman el conjunto de seres que constituyen lo que se llama la sociedad, no la “sociedad” de los grupos que gustan de aparecer en las páginas de periódicos como la élite del momento.
Ahora bien, ¿qué ha dejado el marxismo? Sin olvidar que Carlos Marx dijo con exactitud que él no era marxista, Marx nunca creó nada útil para los seres vivientes, ni sabía lo que era trabajar para ganarse la vida, no estaría mal ahora que el comunismo y sus gemelos anarquismos socialismos, se baten en retirada, preguntar: ¿Qué ha dejado el marxismo?

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