CABALLO GRANDE ANDE O NO ANDE

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Por Emilio Martínez Paula

 

Claro que si no anda bien se queda en caballo.

Este viejo refrán reconoce la ventaja de ser una persona de buena estatura y generalmente corpulenta, lo que ayuda a poder vivir mejor. Mejora las posibilidades de los atletas, los boxeadores de peso completo en una época ganaban más dinero, aunque no podemos explicar por qué se han acabado los “pesos pesados” y la mayoría de los boxeadores en estos tiempos son pesos ligeros, 120 libras, o los pesos medianos de ciento cuarenta y ocho libras o un poco más, son ahora la mayoría de los boxeadores.
También los jugadores de pelota mientras más grandes y fuertes son mejores “jonroneros”, pero la estatura ha aumentado con los años. Recordamos que en los años cuarenta cuando se hablaba de un buen lanzador se le calificaba como “un gigante de seis pies de estatura” pues seis pies de estatura lo alcanzaba una minoría.
Hay otros deportes, como el balompié, donde la importancia no es la estatura sino tener fuerza en las piernas para “patear” el balón.
Si queremos seguir hablando de algo tan baladí como tener unas pulgadas más o menos, de estatura, pues recordemos que Abraham Lincoln tenía seis pies y tres o cuatro pulgadas de estatura, cuando el promedio en los Estados Unidos era cinco pies seis pulgadas.
Es decir aquellos vaqueros que hoy vemos en las películas armados con revólveres pavorosos, eran hombres de poca estatura, pero en las “películas del oeste” los ponen como grandes y fuertes. Por cierto que me viene a la mente una palabrita que se usa mucho pero que no aparece en el diccionario: “bajito”, diminutivo de bajo. Se dice así cuando nos referimos a una persona de poca estatura. Pero esta palabra no existe.
En las películas de mi época uno de mis héroes era James Gagney, que llamaba la atención por ser de poca estatura, bajito. Casi siempre hacia películas en que se enredaba a golpes con tipos grandulones a los que noqueaba.
Si queremos podemos hablar un poco de los héroes famosos de todas las épocas, destacados por su poca estatura, empecemos por Cayo Julio César que vivió cien años antes de Jesucristo, emperador de los romanos, que cuando ganó una de sus grandes batallas, contra Pompeyo envió su informe famoso por su sencillez: “llegué, vi y vencí”. También dejó dicho que los hombres de poca estatura eran muy peligrosos. No me interesa aclarar esta frase, pero llama la atención. César deslumbró al mundo de su época. Habiéndose hecho dictador con poderes de soberano, fue asesinado en una reunión en el Senado, entre otros por su hijo adoptivo Bruto. Se dice que sus últimas palabas fueron: ¡Tú también, Bruto hijo mío!
Julio César no se destacaba por su estatura o corpulencia.
Otro de los pequeños gigantes fue Napoleón I, que dicen que no llegaba a los cinco pies de estatura.
Napoleón que contemplaba extasiado los campos de batallas cubiertos de hombres muertos en combates famosos, ha sido un héroe nacional para los franceses, pero no fue otra cosa que un asesino, un militar que trató de gobernar el mundo. Napoleón no era francés, era corso de nacimiento y cuando Francia se apoderó de Córcega su padre, abogado, lo mandó a estudiar a Francia, país donde por supuesto aprendió francés. Gracias a su relación con un hermano de Robespie-rre, el “Incorruptible”, pudo alcanzar la jefatura del ejército, sirvió a la Revolución Francesa, a la que traicionó y llegó a ser emperador de Francia. Su mundo se derrumbó en la famosa batalla de Waterloo donde los ingleses lo derrotaron porque el destino le jugó una mala pasada. Napoleón estaba ganando la batalla de Waterloo, cuando la tercera parte de sus tropas se separó del grueso del ejército, al recibir una orden equivocada, entonces llegaron los prusianos que se unieron a los ingleses y los franceses gritaron el conocido ¡Sálvese el que pueda! Hasta Napoleón salió corriendo.
Caso curiosos cuando se menciona que Napoleón fue vencido en Waterloo casi nadie recuerda quien fue el general inglés que lo derrotó. Los ingleses lo condenaron a vivir prisionero en una isla, Santa Elena, donde lo alimentaban bien y le enviaban los mejores vinos aunque se afirma que, junto con el buen vino, venía el buen veneno que lo mató. Lo envenenaron poco a poco. En un estudio sobre sus cabellos pudieron detectar concentración de arsénico.
¿Recuerda usted quién fue el general inglés que derrotó a Napoleón? Posiblemente no. Para saber muchas cosas no hay que ser muy sabio, basta con un buen diccionario.
Para dejar en paz a los altos y a los bajitos, Weyler, hijo de alemán pero feroz personaje que fue Capitán General en Cuba, cuando España dominaba ese país, tenía cuatro pies y unas cuantas pulgadas más de estatura, pero no llegaba a los cinco pies, lo compensaba asesinando a infelices campesinos cubanos.
Carlos Manuel de Céspedes el Padre de la Patria para los cubanos, era de muy poca estatura.
En cambio el general Agramonte, cubano también, pasaba de los seis pies cuatro pulgada y Antonio Maceo, el Titán de Bronce, alto corpulento, pesaba 212 libras.
En cambio el dominicano Máximo Gómez, el último gran libertador de América, era “bajito”, y físicamente endeble, sin embargo llegó a ser el general en jefe del Ejército Libertador Cubano. El generalísimo.

*Emilio Martínez Paula,
Presidente Ad vitam aeternam,
Academia de la Historia de Cuba

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